La leyenda del perro flamígero del monasterio de El Paular
Califica esta publicación

Todos los pueblos tienen sus leyendas y estas suelen basarse en unos hechos que ocurrieron hace tanto tiempo que es imposible comprobar si son ciertas o no. Detrás de ellas siempre encontramos datos que son históricamente ciertos pero que han ido deformándose por motivos muy variados.

El monasterio de Santa María del Paular se fundó en 1390 como monasterio cartujo en la localidad de Rascafría en la Comunidad de Madrid.

Como los monjes de muchos conventos, los de El Paular abrían sus puertas a primera hora de la mañana y daban limosna y alimento a los pobres que se acercaban a su iglesia. Durante siglos esa fue una práctica habitual ya que no había ninguna institución oficial que se ocupara de los ancianos y desfavorecidos. Después de realizar este servicio, las puertas se cerraban hasta el día siguiente. Ocurrió que un día uno de los mendigos pareció haberse quedado dormido, cuando el monje portero fue a despertarlo vio que había fallecido. No sabiendo que hacer fue a hablar con el prior, querían enterrarlo en cristiano pero las normas de los cartujos prohibían enterrar a nadie que no fuera de su orden en su claustro. A pesar de eso, el prior decidió darle cristiana sepultura entre sus paredes.

Una vez enterrado, los monjes se retiraron a descansar esperando la siguiente llamada a la oración. Sonaron las campanillas que cada monje tenía en su celda y al salir al claustro vieron en el reloj lunar que era una hora antes de lo habitual. Alguien se había equivocado. Al día siguiente y durante varios más, las campanillas sonaron una hora antes. El prior, enfadado, decidió cazar al bromista y escondió a unos cuantos monjes, armados con palos, en una zona del claustro cercana al punto desde donde se tocaban las campanillas de las celdas. Cuando llegó el momento, los emboscados vieron una bestia enorme, parecida a un perro gigantesco, envuelta en unas extrañas luces flamígeras. Tocó las campanas y corrió hacia la tumba del mendigo metiéndose en las entrañas de la tierra.

El abad pensó que era el espíritu del mendigo que había muerto en pecado y no quería ser enterrado en suelo sagrado. Lo desenterraron y lo arrojaron a una alberca cercana. Cuando los monjes se alejaban, se oyeron unos terroríficos aullidos. A partir de entonces cada noche se oía aullar desde la alberca. Los monjes decidieron hacer unas misas por su alma y dicen que desde ese momento ya no se oyó más. Otras versiones de la leyenda afirman que si estás cerca de Santa María del Paular a las 10 de la noche, aún se oyen los aullidos del perro flamígero.

Actualmente es una abadía benedictina que puede visitarse y se encuentra en un entorno natural privilegiado.

 

 

Vía: Super Curioso

Déjanos un comentario