El ictus, muy frecuente también en las personas jóvenes
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Más allá de los factores genéticos, los malos hábitos, así como el estrés, también podrían ser un componente de peso en la posible aparición del ictus en personas jóvenes.

Según la Sociedad Española de Neurología (SEN) el ictus sigue siendo la segunda causa de muerte en los hombres y la primera en las mujeres.

Si bien es cierto que mucha gente sigue pensando que es una enfermedad propia de edades avanzadas, la realidad nos dice algo muy diferente.

El ictus puede afectar a cualquier persona de entre 20 y 64 años. No obstante, el caso de personas jóvenes que lo han sufrido ha aumentado en las últimas décadas.

Todos tenemos cerca a un familiar, amigo o vecino que con poco más de 20 o 30 años ha sufrido este accidente cerebrovascular sin que nadie pueda muy bien entender la razón.

Lo más complejo –y dramático– de esta enfermedad es que, además de ser mortal o incapacitante en muchos casos, no es tan fácil poder prevenirla.

Te damos más datos a continuación.

El ictus no tiene edad: aspectos que debemos tener en cuenta

Según nos revela un estudio del Hospital Ramón y Cajal de Madrid (España), el 14% de los pacientes que sufren un ictus tienen menos de 56 años.

Tal y como nos explican los médicos, a pesar de que existen factores que lo pueden desencadenar, como puede ser el tabaco, el estrés, la obesidad o la hipertensión arterial, también existe un componente genético que los neurólogos intentan descifrar.

Cabe decir, eso sí, que la mortalidad asociada a los accidentes cerebrovasculares se está reduciendo debido a una mejor atención en la fase crítica. Existen, además, nuevas técnicas con las que, si la atención al paciente es inmediata, el impacto del ictus es mucho menor.

Tampoco podemos olvidar que cada caso es único, que cada persona padece el infarto cerebral en un área específica y que, más tarde, la neurorehabilitación va a ser clave para recuperar esas funcionalidades afectadas.

Ictus cerebral
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Veamos más datos.

Los afectados por ictus son cada vez más jóvenes

La revista médica The Lancet fue la primera en dar la voz de aviso. Cada año sufren un ictus 83 000 personas de poco más de 20 años. Si bien es cierto que esta cifra representa solo el 0,5 por ciento del total, el dato va aumentando década a década.

Las causas asociadas a esta compleja realidad podrían ser la siguientes:

  • Malformaciones congénitas que van cursando con daños en las arterias cerebrales hasta que, finalmente, aparece el infarto cerebral. El ictus.
  • A los factores genéticos se le añade, en algunos casos, malos hábitos de vida, como el tabaco, sufrir obesidad, tener colesterol o incluso el consumir determinados tipos de drogas.
  • Otro factor que los neurólogos están teniendo en cuenta es el estrés. A día de hoy son muchos los jóvenes que hacen frente a complejas situaciones de estrés o ansiedad, debido al desempleo, problemas emocionales, afectivos…
  • Ahora bien, cuando una persona joven sufre un ictus resulta muy complicado saber por qué ha sucedido. En muchos casos son personas que llevan una vida sana y tranquila, y de ahí que el impacto sea aún más elevado para la familia y los médicos.

Las personas afectadas por ictus podrían aumentar

Tal y como nos indican los neurólogos, hay previsiones de que en el año 2030 el número de personas con incapacidad asociada al ictus aumente.

  • En este caso no hablamos solo de causas genéticas, esas que nos es prácticamente imposible prevenir. Los accidentes cerebrovasculares se elevarían porque nuestro estilo de vida, lejos de mejorar, empeora.
  • Si a ello le sumamos un mayor índice de contaminación, el escaso ejercicio físico, mayores niveles de estrés o ansiedad y una alimentación deficiente, todo ello haría que el número tanto de muertes como de pacientes que deben seguir programas de neurorehabilitación aumentara.

¿Está en nuestra mano poder prevenir el ictus de algún modo?

La mayoría de nosotros solemos pensar que el ictus no se puede prevenir, que, casi sin saber cómo, aparece la rotura de ese vaso cerebral.

Ahora bien, no podemos olvidar que el ictus se relaciona íntimamente con nuestra salud cardíaca.

Así pues, factores como la aterosclerosis o el colesterol van a afectar a la calidad de la circulación sanguínea de nuestro cerebro. Podemos y debemos cuidarnos mejor.

Por ello, es recomendable que tengamos en cuenta estas sencillas pautas:

  • Deja el tabaco –y haz que lo dejen quienes te rodean–.
  • Se sabe que un porcentaje importante de personas que han sufrido un ictus son diabéticas. Hemos de atender este aspecto.
  • Evita la hipertensión.
  • Realiza ejercicios aeróbicos de forma regular.
  • Cuida de tu alimentación, consume fruta fresca y evita los productos procesados.

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Síntomas de alarma para detectar un posible ictus

Puesto que la mejor forma de salvar a una persona o de reducir la incidencia del ictus es saber identificar los síntomas, nunca está de más recordarlos de nuevo. Tenlos muy en cuenta:

  • Dolor de cabeza muy intenso, diferente a cualquier otro tipo de cefalea.
  • Pérdida repentina y brusca de fuerza en la cara, brazo o pierna de un lado del cuerpo.
  • Sensación de hormigueo en la cara, brazo o pierna de un lado del cuerpo.
  • Pérdida súbita de visión, parcial o total, en uno o ambos ojos.
  • Alteración repentina del habla, dificultad para expresarse.
  • Sensación de vértigo intenso, inestabilidad o desequilibrio.

 

 

Vía: Mejor con Salud

 

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