Cómo detectar y vencer la baja autoestima en 5 pasos
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Es importante darse cuenta de que nuestra autoestima depende de nosotros mismos, y no de lo que los demás piensen. Aprende a valorarte y a quererte por encima de todas las cosas.

Cuando somos pequeños nadie nos enseña cómo construir un adecuado bienestar emocional.

Si tenemos la suerte de que nuestra familia nos ofrece un entorno facilitador y lleno de bondad, es posible que nuestra autoestima sea más o menos funcional.

Ahora bien, a medida que crecemos, esa dimensión frágil y vulnerable puede experimentar muchos altibajos en función de cada una de nuestras vivencias.

La sociedad siempre nos explica que, para tener éxito, hay que ser especiales, hay que ser válidos en todos los aspectos, perfectos físicamente, valientes y triunfadores.

Sin embargo, las personas acabamos desarrollando un sucedáneo de autoestima donde validarnos a nosotros mismos en función de cómo nos tratan los demás.

Si alguien me rechaza es que no soy digno de ser amado. Si me despiden del trabajo es que no sirvo para esa tarea. Si mis amigos me dejan de lado es que no merezco la confianza de nadie.

No es lo adecuado. Jamás debemos derivar en estos estados emocionales tan negativos.

Hoy en nuestro espacio queremos explicarte cuáles son los 5 indicadores más comunes de la baja autoestima y cómo podemos afrontarla.

Cómo detectar la baja autoestima en 5 pasos

Autoestima no es, en absoluto, “creerse la mejor persona del mundo” y aún menos verse a uno mismo como “lo peor”. Lo primero es reflejo de un orgullo algo ciego, y lo segundo el claro ejemplo de una bajísima autoestima.

Deberíamos aprender desde bien pequeños a creer en nosotros mismos y en nuestras capacidades.

El problema empieza cuando nos centramos en la necesidad de que sean los demás quienes nos demuestren si somos o no válidos para hacer algo, o si somos o no dignos de ser amados.

Es una fuente terrible de sufrimiento que deberíamos evitar. Veamos ahora cuáles son esas claves que nos indicarán si nuestra autoestima es fuerte o no.

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1. Tengo miedo a equivocarme

De niños buscamos el apoyo de nuestros padres y maestros para hacer algo. Si me equivoco, al menos, estará el adulto para ayudarme.

Ahora bien, llegamos a la edad adulta y aún seguimos teniendo miedo al error, al fallo, al equívoco, y pensamos, además, que no estamos lo bastante capacitados para hacer esto y lo otro.

Cómo afrontar este temor

Una baja autoestima se refleja, ante todo, en esa acumulación desmedida de miedos. El primero que deberíamos derribar es el temor a equivocarnos.

Los errores no son malos, nos capacitan para obtener un aprendizaje sobre cómo se hacen mejor las cosas. No debemos etiquetarnos como torpes solo por habernos equivocado, porque no hay peor juez que uno mismo.

2. Irritabilidad

El mal humor, la apatía, estar siempre irritados por cada cosa que ocurre o que no ocurre es, a menudo, reflejo de una baja autoestima e incluso de una depresión.

  • Son esos momentos en que tenemos la sensación de que hemos perdido el control de todo lo que nos rodea. Ya no tenemos ilusiones, y esto es algo realmente peligroso.

Cómo afrontar esta situación

  • Establece prioridades, ahí donde el primer objetivo sea atenderte a ti mismo. Cambia de rutinas, de amistades, practica nuevas tareas y aficiones.
  • Apagar el ruido mental de la negatividad te hará despertar hacia nuevas ilusiones.

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3. Deseo de complacer

En nuestro espacio te hemos hablado en numerosas ocasiones del riesgo que entraña esa necesidad constante por gustar a todos, por complacer a cada persona que nos rodea.

  • Llevado hasta el extremo, refleja una baja autoestima.
  • A pesar de que no hay nada malo con respecto a tener el beneplácito ajeno de vez en cuando, el problema aparece cuando necesitamos la complacencia externa a cada instante para “sentirnos bien”.

Cómo afrontar el deseo de complacer

Intenta realizar actividades de forma individual sin necesidad de explicarle nada a nadie. Disfruta de tus instantes de soledad y aprende, ante todo, a ser asertivo, a decir “no” cuando alguien te pida algo y no te apetezca hacerlo.

Es necesario que gestionemos esa dependencia excesiva hacia los demás.

4. Cargar con el “peso del mundo”: autoculpabilidad

Hay épocas en que cada cosa que ocurre a nuestro alrededor parece que sea culpa nuestra. Cuando nuestro hijo va mal en el cole pensamos que, tal vez, no le estamos ayudando demasiado.

  • Cuando nuestros padres caen enfermos nos decimos a nosotros mismos que teníamos que haberlos atendido un poco más.
  • Cuando alguien nos critica o nos rechaza, nos culpamos a nosotros mismos.

Cómo gestionar la autoculpabilidad

Hemos de entender que nuestra función no es “cargar con el peso del mundo”. No todo es responsabilidad nuestra, ni estamos obligados a dar aire a todo el que respira.

Quítate pesos, intenta descansar de mente y de cuerpo y apreciar las cosas más sencillas de forma más libre. Busca momentos para ti mismo y deja de autoevaluarte.

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5. Falta de ilusiones

No importa que tengamos 8 u 80 años. Las personas siempre tenemos algún proyecto, alguna ambición e innumerables ilusiones que dan luz y color a nuestra vida.

Si percibes que, cada dí,a te levantas por la mañana sin propósitos ni ilusiones y te limitas a dejarte llevar solo por lo que otros decidan, entonces tu autoestima necesita ser sanada. Atendida.

Cómo afrontar la falta de ilusiones

Las ilusiones se apagan muchas veces porque caemos en la rigidez de las rutinas, porque ya no hay estímulos externos y porque, por dentro, no nos sentimos nada bien.

Busca nuevas pasiones. Apúntate a algún curso, cambia de escenarios y, sobre todo, de gente. El hacer nuevas amistades es a veces la mejor medicina para el corazón.

 

 

Vía: Mejor con Salud

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