Espías activos cuentan los secretos de su profesión
Califica esta publicación

¿A qué se dedica un espía? Su imagen arquetípica, que no es otra que la que el novelista inglés Ian Fleming proyectó en James Bond, es la de un tipo fornido y apuesto que viaja por todo el mundo, ocultando su identidad, para hacerse con información sensible de la que depende la vida de millones de ciudadanos.

Todos sabemos que las películas de Bond –cuya última entrega, protagonizada por Daniel Craig, llegará a los cines la semana que viene– tienen mucho de ficción y poco de realidad, entre otras cosas por lo difícil que es saltar a un helicóptero en marcha o disparar una metralleta mientras se esquía. Pero ¿qué elementos de la vida del espía más famoso del mundo se corresponden con la realidad?

Para contestar a esta pregunta, el encargado de la información de Seguridad de la BBC, Frank Gardner, se ha reunido con dos agentes del MI6, el Servicio de Inteligencia Secreto del Reino Unido al que está afiliado el personaje de Bond. Cierto es que su jefe responde al nombre de “C” –una tradición que se remonta al primer jefe del servicio, sir George Mansfield Smith-Cumming, quien a menudo omitía el Smith en sus comunicaciones ordinarias, y firmaba su correspondencia con esta letra– y que el responsable del departamento encargado de la tecnología se conoce como “Q”, pero aquí acaban la mayoría de similitudes.

Algunas de las claves de la entrevista (que formará parte de un documental) fueron adelantadas ayer en ‘The Telegraph’ por el propio Gardner, que desvela muchas de nuestras dudas sobre la complicada profesión de espía.

“Agentes de inteligencia” vs. “Agentes secretos”

Todos los países tienen servicios de inteligencia, pero la mayoría de sus agentes no operan en secreto o, al menos, no en su día a día. Los verdaderos espías no son empleados de la agencia: son infiltrados que pasan información a los servicios de inteligencia pero que, técnicamente, no son trabajadores de los mismos.

Uno de los agentes que atendió a Gardner –que responde al nombre, suponemos que falso, de Kamal– explica que su trabajo tiene más que ver los Recursos Humanos que con la ofensiva policial: “Nuestro trabajo consiste en encontrar individuos que tengan acesso a secretos de inteligencia con valor para el Gobierno de Reino Unido. Mi trabajo es construir una relación entre estas personas, trabajando con ellos para obtener, de forma segura, los secretos a los que tienen acceso”.

Kamal es un agente de inteligencia, pero no es un espía. Los verdaderos “agentes secretos” son las personas que trabajan para él y, obviamente, no se dedican a pasearse por el cuartel general.

Los agentes de inteligencia tienen que reclutar a personas para hacer un trabajo muy peligroso (duramente castigado si se desvela), para el que, generalmente, deben traicionara todos los que le rodean. ¿Lo hacen por dinero? ¿Ideales? ¿Poder?

“Es una combinación de todo esto y algo más”, explica Kamal. “La gente tiene diferentes motivaciones para trabajar para el Reino Unido pero la cosa que les une a todos es que entran voluntariamente en una relación en la que nos pasan información”. Según el agene del MI6, nadie les obliga a ser espías.

Sede del MI6, conocida como Legoland, en Londres. (Efe)
  • Facebook
  • Twitter
  • Google+
© Proporcionado por El Confidencial Sede del MI6, conocida como Legoland, en Londres. (Efe)

El ‘modus operandi’ de los espías

Aunque el espionaje es más intenso cuando un país está en mitad de un conflicto bélico (o pasa por un periodo de gran tensión) los servicios de inteligencia no descansan en tiempos de paz. Gardner explica que, según un agente del MI5 –el servicio de inteligencia doméstico de Reino Unido–, en la actualidad hay tantos espías rusos operando en el país como en los primeros 80, en plena Guerra Fría.

El fin último de los servicios de inteligencia de cualquier país es el mismo que el de cualquier otro cuerpo de seguridad: evitar amenazas. Y la lista, como comenta Kamal, es hoy alargada: “Tenemos la amenaza terrorista, estados y organizaciones que quieren fabricar armas de destrucción masiva y tecnología nuclear, países con ambiciones territoriales y, más recientemente, gente que quiere realizar ciberespionaje contra el Reino Unido”.

Viendo a Bond podría parecer que los espías van haciendo un poco lo que les viene en gana, pero lo cierto es que su trabajo, como el de todos los cuerpos de seguridad, es tremendamente rígido. Kamal explica que el método que siguen responde a lo que se conoce como “el ciclo de la inteligencia”, que tiene un esquema prefijado, del que no es habitual salir:

1. Los líderes políticos deciden qué información necesitan, a la que no se puede llegar por canales “diplomáticos”.

2. Los agentes del servicio de inteligencia, en colaboración con el resto de cuerpos de seguridad, trabajan para identificar a las personas que podrían conocer la información que se demanda.

3. Una vez localizadas estas, los agentes de inteligencia tienen que contactar con los potenciales agentes secretos para obtener la información. Esta es la parte más delicada del asunto, pues en ocasiones es necesario realizar contactos directos. Grupos enteros de personal trabajan para que el agente contacte con su informante con la máxima seguridad posible.

4. “En ocasiones”, explica Kamal, “la gente que identificamos es sencillamente inadecuada para realizar el trabajo de inteligencia, por múltiples razones”. Pero, aunque la persona contactada parezca una buena elección, y esté dispuesta a colaborar, los agentes tienen que asegurarse de que la información ofrecida es veraz. “Cuando estamos satisfechos se la pasamos a la autoridad que solicitó la información en primer lugar”, concluye Kamal. “Ese es el ciclo”.

Daniel Craig, en una imagen promocional de la última película de James Bond. (Reuters)
  • Facebook
  • Twitter
  • Google+
© Proporcionado por El Confidencial Daniel Craig, en una imagen promocional de la última película de James Bond. (Reuters)

Sin licencia para matar

Que los agentes de inteligencia no trabajen directamente como espías no significa que no tengan que ocultar su identidad, pues esto es necesario para trabajar con los informantes sin ser descubiertos.

“Cuando una persona ingresa en la organización recibe un rol encubierto”, explica Kirsty, otra agente que se reunió con Gardner. “Reciben instrucción para aprender a manejar su nueva identidad y ésta se convierte en su segunda naturaleza. La mayoría de la gente puede decirle la verdad a las personas más cercanas, pero para el resto tienen que vivir bajo su identidad falsa el resto de su carrera”.

Para llevar esta vida paralela hay que valer. Pero, como explica Kamal, si te acostumbras puede ser incluso divertido: “Es una de las mejores partes del trabajo. Es teatro. En ocasiones te permite tener un lado más extravagante, algo que por supuesto es maravilloso”.

La identidad falsa es sólo una forma más de proteger la vida de los agentes. El trabajo, claro está, es menos peligroso de lo que se suele ver en las películas, pero esto no quiere decir que el nivel de amenazas sea el mismo que el que sufre un frutero.

“Mentiría si dijera que todo nuestro trabajo está exento de peligro”, explica Kristy. “Pero tenemos un equipo de asesores de seguridad que se ocupan de que nosotros, y nuestros informantes, estemos lo más protegidos que se pueda. Ninguna operación se lleva a cabo si tenemos dudas sobre nuestra seguridad o la de nuestros agentes”.

Muy bien, pero si algo sale mal, ¿qué hay de la famosa “licencia para matar”? Como era de esperar, no existe tal cosa. “La mitología en torno al espionaje y el Servicio Secreto en particular es extremadamente errónea”, asegura Kamal. “Somo una organización que se deleita en la sutileza y los métodos que utiliza 007 son totalmente falsos. Nuestra intención es operar en las sombras y no queremos llamar la atención. Tener licencia para matar es la antítesis de esto”.

Sean Connery como James Bond, en la primera encarnación cinematográfica del personaje.
  • Facebook
  • Twitter
  • Google+

Déjanos un comentario