‘Quickie’: lo último entre las sábanas es el sexo relámpago de 15 segundos
Califica esta publicación

Ya lo dijo Baltasar Gracián en el Oráculo manual y arte de prudencia: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Menos conocida es la segunda parte de esta expresión tan popularizada que decía “… y aun lo malo, si poco, no tan malo”. Algo aplicable a casi todo en la vida y también, claro está, al sexo.

Si algo se puede desprender de los distintos estudios realizados a lo largo de los años sobre la sexualidad humana es que ésta es tremendamente compleja. Si bien está relacionada con impulsos instintivos, el ser humano, con el paso del tiempo, ha ido dotando al acto sexual de una especie de mística difícilmente comparable con otras especies.

La preparación de un ambiente idílico, la depilación, la elección de los mejores trapitos para seducir y la necesidad de tener todos los detalles que nos atañen bajo control para que todo salga a pedir de boca han sacralizado de tal manera el coito que muchas parejas lo han sacado de su día a día, dejándolo únicamente reservado para fechas señaladas.

Un acto casi poético para el que casi no queda tiempo tras largas jornadas de extenuante trabajo y la cantidad de planes retrasados programados para los fines de semana, que sigue siendo cuando más sexo se practica.“Para hacerlo rápido y mal, mejor no se hace”, se repiten muchas parejas contaminadas por lo que socialmente se entiende como una relación sexual placentera y que parece dar más importancia a la duración que a la calidad.

En las antípodas de estos planteamientos se encuentran los defensores a ultranza del llamado quickie o sexo rápido. Éstos defienden que el sexo se puede hacer “rápido y bien”, y añaden que no hay ocasión mala para dejar de practicar el “aquí te pillo, aquí te mato”, independientemente de lo atareados que estemos. A pesar de lo que pudiera parecer -y quizás porque se lo guardan para sus adentros- son más de lo que cabría esperar.

Lo ideal, mezclar coitos cortos y largos

Al menos eso es lo que se desprende de una encuesta reciente realizada a 500 hombres y mujeres sobre excitación y preferencias sexuales. Según este estudio, más de la mitad de los encuestados coincidió en que lo ideal es que se alternen sesiones más largas con otras más cortas, en función del deseo y la necesidad de cada momento. Eso implica no dejar de lado las cortas. Aquellas que son más fáciles de consumar.

Ante la pregunta de si preferían que el coito se desarrollase en un periodo corto de tiempo o en uno largo, tres de cada diez mujeres escogieron la versión reducida. Sin embargo, sólo dos de cada diez hombres optó por la versión más veloz. Muchos de éstos, quizás, pensando en que es imposible satisfacer a su pareja a través de un polvo rápido. Una vez más, falta de información sexual y de comunicación en la pareja.

Entre las conclusiones de este estudio se indicó que, mientras el fast sex es la opción preferida por las mujeres de menos de 35 años, el slow sex se asocia más a los mayores de esa edad, independientemente de su sexo. Es decir, las más jóvenes lo profieren más corto y menos planeado. DelDespacito de Luis Fonsi parece que, a fin de cuentas, nada de nada.

Partiendo del hecho de que, con una buena estimulación, el sexo femenino ya ha empezado a lubricar y a enviar señales de placer al cerebro antes de los 15 segundos, muchos de los seguidores del quickie aseguran disfrutar plenamente de relaciones que no se extienden más allá de ese cuarto de minuto de duración durante la fase de penetración.

Hasta que el cuerpo aguante

En ese tiempo, los dos implicados, como si de dos animales en celo se tratase, intentan llegar al orgasmo poniendo toda la carne en el asador. Aunque a algunos les parezca imposible, a un animal tan parecido a nosotros como es el chimpancé tan solo le hacen falta tres segundos para consumar el acto. La elección del lugar, el momento y el calentamiento previo juegan un papel decisivo en todo quickie, tenga la duración que tenga.

Sea como fuere, conseguir el éxtasis en tan poco tiempo no parece nada sencillo. Para ello se requiere de mucho entrenamiento y de una enorme pericia, por no hablar del conocimiento de aquello que más te pone a ti y a tu pareja. Parece claro que, para conseguir ese orgasmo exprés, es necesario ser un auténtico maestro de la excitación sabiendo combinar caricias, susurros o besos con la velocidad y cadencia necesarias en la penetración para dar con el punto G en un tiempo récord.

La espontaneidad, dejarse llevar por el deseo independientemente de la situación, los cambios de escenarios, la introducción de nuevas posturas y experiencias sexuales y, en definitiva, todo lo relacionado con la innovación y la potenciación de aquello que más nos excita son ingredientes fundamentales para practicar el sexo relámpago con éxito.

Según aseguran los amantes del quickie, lo ideal es combinar este tipo de sesiones exprés con otras más extensas en las que olvidarse del reloj y en las que disfrutar de otro tipo de sensaciones con tu pareja. Y es que, si hay algo que acaba extinguiendo la pasión de muchas parejas, es la monotonía.

También cabe destacar que los amantes de echar un quickie no quieren limitar de ninguna manera el número de repeticiones de esos polvos rápidos. Una cosa es no sacralizar el sexo, como hacen aquellos que lo dejan para cuando se dan las circunstancias teóricamente ideales para su práctica, y otra muy distinta no darse tantos caprichos como los que el cuerpo te pida. Cortos, sí, pero cuanto más, mejor.

Con información de: El Mundo http://www.elmundo.es/f5/comparte/2017/07/02/59553d5be5fdea08048b45b4.html

 

Déjanos un comentario