¿Qué viene después de ser novios cuando no te quieres casar?
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Cuando llevas tiempo en una relación seria, las palabras novio y novia pueden empezar a sonar algo inmaduras o, por lo menos, empiezan a quedarse cortas para describir vuestro nivel de compromiso, pero ¿cómo llamas a la persona con la que compartes tu vida cuando no estáis casados y no tenéis intención de estarlo?

Hace unos dos años, en un bar, un amigo me presentó a alguien como “la novia de Pete, Erika” y luego añadió: “No, más que su novia”. Sonreí y asentí con la cabeza mientras él continuaba, tartamudeando por la presentación. No porque hubiera dicho algo falso sobre mí o porque me hubiera relegado a la categoría de ser algo de alguien, sino porque esa definición no encajaba en su mente. “Bueno, más que su novia”, seguía él. Yo estaba ahí, sin energía, sin beber, mientras él buscaba la manera de describirme a una persona con la que no iba a volver a hablar nunca.

Varias copas después, me sentía conmovida por aquel intercambio. Este chico me había abierto los ojos: las palabras novio y novia no describen con exactitud nuestra relación duradera y comprometida, pero sin matrimonio.

Desde entonces cada vez me siento más incómoda con esas palabras. Soy una mujer, no una niña. Él es un hombre, no un niño. Además de que no va con nuestra edad, llevamos años viviendo juntos. Escribimos mensajes a nuestras suegras. Pagamos las facturas juntos. Esas palabras son insuficientes para describir nuestro vínculo.

Para mí, un novio es alguien para quien te pones la ropa interior a juego, reconociendo, sin demasiada preocupación, que probablemente no sea el último que te vea con ese conjunto. Pero, ¿cómo llamas a la persona a la que pides que desatasque el baño sin pasar vergüenza? ¿A la persona que esperas que siempre esté ahí para desatascar el baño?

Todavía no sé si es porque ahora soy una mujer madura o por el tipo de relación que tenemos, pero utilizar los términos novia y novio me resulta degradante. Entonces, ¿qué se supone que somos? Parece que a la nomenclatura de las relaciones le faltan palabras para describir a las parejas adultas que no están casadas, lo que es una pena, especialmente en una época en que mucha gente no está interesada en el matrimonio.

Llamé a Michelle Vilardi, amiga de una amiga. Tiene 29 años y vive en San Francisco con su “novio” Cornelius. Michelle me dijo que, cuando se mudaron allí desde la costa este, alguien les preguntó si habían pensado en emplear el término “pareja”. Esa persona resultó ser Annie Sprinkle, la exprostituta y ex estrella porno que ahora es artista y educadora sexual.

Vilardi recuerda a Sprinkle diciéndole: “Os habéis mudado juntos a la otra punta del país, parece que estáis en una relación seria y amorosa. Suena un poco infantil cuando le llamas novio. Creo que la gente se tomaría la relación más en serio si utilizaras la palabra pareja“.

Quizás sea cierto, pero el término pareja tampoco es adecuado. Hay muchas definiciones en el diccionario pero, en este contexto, suele asociarse a la comunidad LGTBQ.

“Hasta que se legalizó el matrimonio homosexual, pareja parecía un término como reservado para ese contexto, para las parejas homosexuales”, dijo Vilardi. “No podían utilizar palabras como marido y mujer, así que pareja se convirtió en el término oficial para ese nivel de relación. Me da la sensación de que la gente lo asocia automáticamente con eso y, aunque no me importa si la gente cree que soy lesbiana, quiero ser capaz de verbalizar mi relación de manera clara. A pesar de no gustarme el término novio, lo cierto es que aclara que tenemos una relación heterosexual comprometida”.

Hablé con Deborah Tannen, profesora de lingüística en la Universidad de Georgetown y autora de Tú no me entiendes. ¿Por qué es tan difícil el diálogo hombre-mujer? y ¡Yo no quise decir eso!: cómo el estilo coloquial hace o rompe relaciones, entre otros muchos libros sobre cómo el lenguaje afecta a nuestras interacciones, para preguntarle por qué no tenemos otras palabras para describir a las parejas adultas que no están casadas.

“Simplemente porque nuestra lengua no se ha puesto al día aún”, dijo. “Prácticamente todo el mundo que conozco que ha tenido pareja estable desde hace tiempo se siente incómodo utilizando los términos novio y novia después de 25 años juntos”.

Parte de eso viene del esfuerzo del movimiento de mujeres porque dejen de dirigirse a las mujeres como si fueran niñas, ya que, con el término “novia”, da la sensación de que son menos, pero tampoco existe una palabra para designar a una mujer adulta que está en una relación seria sin haber contraído matrimonio, así que hasta los feministas más acérrimos han recurrido a “novia”.

“Mucha gente utiliza la palabra pareja, pero eso tiene algunos inconvenientes”, comentó Tannen. “He oído que algunas personas no están contentas con ese término porque, a veces, si dices ‘mi pareja’ la gente piensa que quizás la otra persona es del mismo sexo, ya que es un término que siempre han utilizado las parejas gais”.

Así que, ¿qué nos queda?

“He oído a gente usar frases enteras como ‘el hombre con el que vivo’ o ‘la mujer con la que comparto mi vida’ y también he oído a gente usar expresiones como ‘cariño’. La gente se esfuerza por encontrar aquello con lo que están más cómodos. A menudo no están 100 % a gusto con ello”, me dijo Tannen.

Como sociedad, las palabras que empleamos y la manera en que lo hacemos acaban estableciendo las expectativas que tenemos del comportamiento de la gente. Por tanto, ¿la ausencia de una palabra adecuada para definir a una pareja que no se ha casado ejerce presión en esas parejas para casarse con el fin de recibir un nombre más oficial como “marido y mujer”?

Tannen cree que probablemente sea este el caso. “La manera en que la gente habla de las cosas transmite lo que está aceptado. Me sorprendería mucho si la gente no sintiera presión para casarse por esa sensación inconsciente de que sería más fácil a la hora de hablar de ello”, afirma.

Esa presión puede notarse especialmente en la fase de los 30, cuando la gente se refiere al verano como la temporada de bodas sin ironías e Instagram y Facebook empiezan a parecer una versión menos elegante y menos selectiva de la sección de bodas del The New York Times.

Vilardi está de acuerdo. “En el momento en que te acercas a los 30 todo el mundo empieza a decir que es el momento, que si vas a casarte y tener hijos, lo hagas ahora… y es como… vaya, no sabía que fuera obligatorio”, explica. Además de soportar a casi desconocidos preguntándote por tu estado civil, parece inevitable pasar por la famosa charla de “hacia dónde va lo nuestro” cuando pasas casi cada fin de semana rodeada de felicidad conyugal y, con suerte, de primeras marcas en la barra libre.

Para algunos, estas bodas representan una oportunidad natural y bienvenida para tener una conversación sincera sobre EL futuro. Para otros, simplemente resulta incómodo. Es interesante ver que parejas que han decidido de manera conjunta no casarse han acabado adoptando el lenguaje que asociamos al matrimonio; de nuevo, probablemente porque resulta más fácil que intentar inventarse un conjunto nuevo de términos.

Tannen describió a una pareja que, después de llevar 20 años viviendo juntos, se llaman marido y mujer, aunque no estén casados. Otra mujer que conoce empezó a hablar de su prometido, pero cuando Tannen le preguntó sobre sus planes de matrimonio, ella le dijo que no tenían pensado casarse.

“Creo que prometido es interesante porque está orientado al matrimonio y eso le da un toque de oficialidad y compromiso, pero sin tener que casarse de verdad”, afirma Tannen. “Las palabras adquieren su significado por el uso, nunca por su definición en el diccionario, así que la mejor palabra sería la más utilizada, pero no sé si existe una”.

Vilardi tenía otro concepto distinto. Prometido es una palabra para gente que planea casarse, pero ¿qué palabra utilizas si no tienes pensado casarte? Debería haber una para eso también”.

Tengo que estar de acuerdo. No todo el mundo quiere casarse. No todo el mundo que quiere hacerlo está preparado para hablar de ello. Si las palabras son la medida que utilizamos para crearnos expectativas y obtienen su significado por el uso que le da la gente, ¿no es hora que establecer un nuevo término con el que denominar a una relación heterosexual comprometida con el que sus participantes estén conformes?

Mientras escribía esto, he pedido a decenas de personas sugerencias de una nueva palabra que pudiera ser adoptada , pero ninguna me ha convencido. “Mi alma gemela” y “mi otra mitad” no me suenan bien. “Compañero sentimental” se acerca, pero no es muy cariñosa (además, por alguna razón, la asocio con la gente mayor) y “amante” es ir demasiado lejos. Personalmente, me parece buena idea probar con “mi hombre”. La mayoría de parejas probablemente continúen usando “novio” y “novia” y, aunque esas palabras no terminen de ser acertadas ni apropiadas para nuestra edad, al menos estamos en igualdad de condiciones porque las dos resultan ligeramente incómodas y degradantes.

Cortesía de hoffingtonpost.com

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