Por qué acabas emparejado con alguien que no gustan físicamente
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¿El físico importa? En torno a esta pregunta han girado infinitas charlas, tesis o ensayos de los muchos filósofos de barra de bar que hay en nuestro país. Al margen de estas opiniones más o menos infundadas, y desde un punto de vista más científico, siempre resulta interesante saber cómo influye la apariencia física en un proceso tan misterioso como es el del enamoramiento.

Cada vez más son las teorías que defienden que el amor es un cóctel químico en el que sus ingredientes varían según la etapa en la que uno se encuentra. En una primera etapa de lujuria, se liberan hormonas como la testosterona y el estrógeno. En cambio, con el enamoramiento tienen mayor importancia la adrenalina o la melatonina, mientras que en la fase final, de apego, se libera oxitocina, hormona muy relacionada con la maternidad.

El amor no es totalmente ciego

Como vemos, ya están muy desarrolladas las explicaciones científicas sobre el proceso de enamoramiento, lo que no están tan claro, sin embargo, son los motivos que nos llevan a sentir la conocida sensación de las mariposas en el estómago. Quizá en un primer momento lo lógico es que nos llamen la atención aquellas personas que poseen cierto atractivo, pero ¿qué es el atractivo?, ¿es algo objetivo?, ¿por qué hay personas que sabemos que son atractivas pero no nos gustan?

No parece sencillo encontrar una respuesta para estas cuestiones. Quizá lo único que se tenga claro es que el amor no es, al menos, totalmente, ciego. Por mucho que demos importancia a la personalidad, también hacemos caso a la apariencia física. En una encuesta realizada, a mil hombres y mujeres, por Harris Interactive cerca del 78 % de los encuestados opinaban que la atracción física es muy importante. Sin embargo, este atractivo avanza hacia un factor más emocional con el paso del tiempo.

Una paradoja que no tenemos en cuenta

Que le demos importancia al atractivo no significa que siempre mantengamos una relación con alguien que nos lo parezca. También se puede acabar enamorado de una persona que en un primer momento no nos llame la atención ni lo más mínimo o a la que encontremos numerosos aspectos negativos con el paso del tiempo. Cuando esto ocurra es importante que las razones por las que esa persona no nos gusta sean mucho menos profundas que los motivos por los que sí. Esta clave parece propia del sentido común, pero no ocurre tanto como cabría esperar.

Stephen J. Betchen, terapeuta matrimonial y doctor por la Universidad de Pensivannia, señala en Psychology Today que a lo largo de su carrera se ha encontrado con diferentes casos que le demuestran que, a menudo, la gente se introduce en una relación seria, o en un matrimonio, sin sopesarlo lo suficiente: “La mayoría de personas son conscientes de que algo no les gusta y siguen adelante. Esto no es suficiente, uno debe tener claro cómo es la persona con la que se va a casar y saber por qué lo hace”, indica Betchen.

No es habitual, pero ocurre a veces. (Corbis)
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© Proporcionado por El Confidencial No es habitual, pero ocurre a veces. (Corbis)

Una relación seria debe tomarse, como su nombre indica, con seriedad y para ello es necesario examinar si realmente estamos con la persona correcta. Está claro que los vínculos afectivos son básicos para su desarrollo, pero también hay que tener claro que con el aumento del compromiso, también es necesario pararse a reflexionar sobre todos los problemas que existen en la pareja, puesto que es habitual que estos empeoren con el paso del tiempo, tal y como indica Betchen.

Al final la clave para que se desarrolle positivamente una relación es que se construyan unos cimientos sólidos y exista tolerancia. “Sin esa base sólida, cualquier relación se convierte en un castillo de naipes”, opina Betchen. Visto así, quizá parezca una cuestión de lógica aplastante. Sin embargo, no deja de ser paradójico que, en ocasiones, le dediquemos tan poco tiempo y esfuerzo a reflexionar sobre un campo de nuestra vida que, a la larga, tiene tanta repercusión sobre nosotros mismos.

Algo bueno debe tener que no se vea a simple vista. (iStock)
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Cortesía de elconfidencial.com.

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