“Nunca decía no a una proposición”: así es la vida del adicto al sexo, en primera persona
5 (100%) 1 vote

La adicción al sexo aún sigue tratándose con frivolidad, quizá porque la mayor parte de la gente se fija en el sexo y olvida la parte de la adicción. De igual manera que nadie se refiere a lo divertido que es el alcohol cuando se habla de la dependencia del mismo, exactamente debería ocurrir cuando hablamos de la adicción al sexo. Cada vez más famosos, de Tiger Woods a Charlie Sheen han confesado sus problemas que, desde luego, les han traído mucho más sufrimiento que felicidad.

Aunque no existen datos epidemiológicos concretos, se estima que la prevalencia estaría en torno al 2% de la población, según señalaba el psiquiatra e investigador de la Universidad San Pablo CEU Carlos Chiclana en una entrevista con ‘Sinc’, aunque hay quien elevaba el porcentaje a entre un 3 y un 6%. Además, en la última edición del manual de diagnóstico de los trastornos mentales DSM-V, la adicción al sexo no aparece descrita como trastorno, sino que simplemente admite la existencia de pacientes que sufren un patrón de relaciones sexuales repetidas.

Nunca era la que ellos querían, así que me dejaban y hacía cosas como autolesionarme, me sentía muy culpable y sucia

Ello no quiere decir que no haya adictos al sexo. En un fantástico reportaje, ‘Cracked‘ ha reunido los testimonios de varias personas que lo sufren y que explican con sus propias palabras todo por lo que han tenido que pasar. Entre ellos se encuentran Oliver, un homosexual que descubrió durante su adolescencia el sexo con adultos, Brian Whitney, autor de ‘Raping the Gods: a Tale of Sex and Madness‘ (Strawberry Books) o Sue Wiliam Silverman, autora de ‘Love Sick: One Woman Journey through Sexual Addiction‘ (Ebury Press)

Cuando el sexo no es placentero

El reportaje explica que la adicción al sexo se parece más a acercarse a una tienda de alimentación a las tres de la madrugada para comprar unos cartones de vino que a disfrutar de una copa de un buen whisky. “No se parece en nada a la manera en que los adolescentes piensan sobre el sexo”, señala Oliver, refiriéndose a esos años de urgencia sexual. “Es una imposición que dice ‘no creo que pueda seguir adelante si no lo hago’”. Al igual que ocurre con los drogadictos, las fuerzas que dirigen su comportamiento son tan fuertes que estarían dispuestos a vender a sus madres. Oliver perdió su virginidad con una prostituta y empezó a acostarse con hombres mayores que él. Hasta los 21 años no dijo “no” a ninguna proposición sexual.

Las personas que sufren este trastorno no suelen disfrutar de su vida amorosa. (Corbis)
  • Facebook
  • Twitter
  • Google+
Las personas que sufren este trastorno no suelen disfrutar de su vida amorosa. (Corbis)

Erica se encontró con la incomprensión de sus amigos, a los que les parecía divertido que tuviese “un harén de hombres” con los que alternaba continuamente. A veces se acostaba con varios a la semana, otras veces el mismo día. Caminaba cada tarde 20 minutos para practicar sexo oral a conocidos. Sin embargo, “nunca era la que ellos querían, así que me dejaban y hacía cosas como autolesionarme, me sentía muy culpable y sucia”. Como ocurre con los adictos a las sustancias, no podía parar a pesar de saber que su actitud le estaba haciendo daño.

En estos casos, el sexo ha dejado de formar parte del placer para convertirse en un ritual. “Había un montón de veces donde terminaba practicando sexo con alguien porque tenía que hacerlo”, explica. “No se trataba de las ganas que tuviese de hacer el amor con esa persona; era simplemente un ritual”, explicaBrian Whitney, cuya obra literaria trata de los problemas de adicción sexual. “Había muchas veces que ni siquiera me apetecía”. El nivel de tolerancia estaba cada vez más bajo, de ahí que tuviese que masturbarse hasta cinco veces al día, incluso 20 minutos después de hacer el amor. Los problemas no sólo tienen que ver con la propia sexualidad, sino que los adictos también se exponen a las relaciones poco recomendables. Brian recuerda que en todos sus trabajos, ha terminado por intentar ligar con sus compañeras, “a menudo con éxito”.

Estar completamente obsesionada con un hombre u otro significaba que no tenía que solucionar los problemas reales que tenía

La situación es la siguiente: “Estaba casado, tenía una aventura con otra mujer, y de repente con una tercera, y la primera se enteraba, así que dejaba el empleo”. En otras ocasiones, quien pasaba por su cama era su superiora. Algo aún más peligroso en el caso de las mujeres, como le ocurrió a Erica, que después de mudarse a Philadelphia se dio cuenta de que su libreta de contactos estaba vacía. Para saciar sus urgencias, buscaba compañía en internet, donde conocía hombres a los que invitaba a su apartamento, hasta que uno de ellos intentó estrangularla durante el acto. Fue entonces cuando volvió a casa y buscó tratamiento.

¿Qué ocurre en su cabeza?

Como hemos señalado, poco sabemos realmente sobre la adicción al sexo, lo que provoca que muchas de las personas que sufren estos problemas especulen sobre las raíces de su problema. Por ejemplo, a través de lostraumas, como ocurre con Sue William Silverman, que considera que “si hubiese tenido un padre maravilloso, no creo que hubiese sido una adicta al sexo”. En muchos casos, el sexo es una vía de escape. “Era una manera de evitar los sentimientos. Había muchas razones por las que me insensibilizaba, y estar completamente obsesionada con un hombre u otro significaba que no tenía que solucionar los problemas reales que tenía”.

Algunos psicólogos han señalado que la adicción sexual puede ser la expresión extrema de otra clase de trastorno, como el TOC. Sólo que en lugar de pisar unas baldosas sí u otras no, el pensamiento recurrente se intenta aliviar a través de las relaciones sexuales. Es lo que le ocurría a Brian, que no podía dejar de pensar, planear y recrearse en las relaciones que iba a mantener o que ya había mantenido. La relación con las parejas normales tampoco es fácil. Por lo general, explican, lo más complicado es reconocer que su cuenta es tan abultada, por lo que es habitual que junten a varios de sus amantes en un mismo perfil inventado.

Todas las personas que aparecen en el artículo han terminado pasando por terapia tarde o temprano, especialmente cuando se dieron cuenta de que su situación era incompatible con su trabajo o su vida amorosa (si es que tenían alguna). Y, al igual que ocurre con los adictos a la bebida o a las drogas, este pasa por eliminar de su vida no sólo todos los vicios, sino también, todos los posibles estímulos que puedan perturbar al adicto. Con la diferencia de que, mientras el whisky o la heroína no forman parte de nuestra vida diaria, estas personas se encuentran con que viven en un mundo hipersexualizado. La abstinencia es absoluta en la primera parte del tratamiento, y también incluye la masturbación.

Si me rindiese a la adicción, me convertiría en una de esas personas que deben presentarse a sus vecinos cuando se mudan

“Me di cuenta de la gran cantidad de mensajes sexuales que nos rodean”, explica Erica. “Antes de la recuperación, sentía que estaba viviendo como debía, pero después, era en plan ‘oh, Dios mío, lo están usando para vender coches y detergente”. La joven nunca tuvo un orgasmo hasta que consiguió superar su adicción. Los hombres explican que, aunque no evitan a las mujeres, sí intentan sortear entornos donde estén rodeados de ellas, así como los ambientes donde predomina el alcohol u otras sustancias desinhibidoras. En la dieta diaria de Seth se incluye cada día la masturbación, pero ese es su límite: “Si me rindiese a mi adicción de la misma manera en que lo hacen los alcohólicos, terminaría convirtiéndome en una de esas personas que tienen que presentarse a sus vecinos cuando se mudan”.

Cortesía de elconfidencial.com

Déjanos un comentario