Lo que se aprende dentro del Festival del Sexo, Realmente Bueno
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“¿Cuál es el sexo realmente bueno para mí? ¿Y que necesito para que eso ocurra (o no)? ¿Cuál es la relación del sexo con quien soy yo? ¿Y con el resto de mi vida?” Estas son algunas de las preguntas que el Festival del Sexo Cojonudo (nuestra libre traducción de Festival of Really Good Sex) pertende responder, como promete en su página web. Se trata de un curioso evento que se ha celebrado anualmente desde 2011 –cuando la primera edición tuvo lugar con el nombre de Xplore– en Sydney y donde se reúnen decenas de aficionados al sexo (es decir, cualquier persona un poco lanzada).

Su principal impulsor es Peter Banki para el que, como ha explicado en un vídeo de ‘The Guardian’, “el sexo es uno de esos catalizadores de la alegría y la felicidad”. Para ello, explica, es importante poder explorar los propios intereses al mismo tiempo que se mantiene el respeto hacia la pareja, un equilibrio, en algunos casos, difícil de manejar. Banki imparte Humanidades y Lengua en la universidad de Sydney, y en alguna ocasión ha manifestado su decepción por que la Filosofía raramente haya abordado el sexo, como explicaba a ‘ABC’: “Los filósofos generalmente filosofan como si sus vidas sexuales no existiesen, como si ese vasto continente de experiencias no tuviese ninguna influencia en lo que piensan”.

El Festival suele dividirse en varios talleres que ayudan a que los visitantes exploren (o, antes que nada, descubran) sus intereses. Como explicaba en ‘Cosmopolitan’ Tara O’ Sullivan, que acudió a una clase sobre el punto G, había terminado consiguiendo darse cuenta de “la importancia de educar primero y luego explorar”. Este año ha sidoAlly Garrett, la enviada de ‘The Guardian’ a Australia la que ha acudido al festival, y esto es lo que ha aprendido en cursos como “Hacer bebés” o “Porno yoga para los amantes del porno”.

El gran problema: la distracción

Lo sabemos, pero nunca lo intentamos solucionar. Tanto si estamos haciendo el amor como si degustamos una deliciosa comida, tomamos unos vinos, vemos una película o leemos un libro, nuestro gran enemigo para obtener placer de todas esas actividades es la facilidad con la que nos distraemos. Es lo que le ocurrió a O’ Sullivan cuando participó en el taller ‘Respiración orgásmisca y gemidos’, impartido por un masajista. Mientras todos sus compañeros aullaban de gusto, ella no podía “evitar pensar en el iPhone, guardado en la parte de abajo de mi mochila. No podía esperar para formular el tuit perfecto sobre esta situación”. Aunque el resto de participantes experimentó una catarsis, la autora se dio cuenta de que “ni siquiera la promesa de un orgasmo comunal podía separarme de mi teléfono”.

Sentí una mezcla de preocupación y traición cuando mi pareja pasó de acariciar mi cuero cabelludo a tirar de mi pelo

Es relajante

Nada de rincones oscuros y mazmorras: el festival tiene lugar en la playa, así que puedes llevarte la toalla si quieres pegarte un chapuzón aprovechando el buen tiempo. Como explica la autora, el festival se lleva a cabo en un lugar donde puedes “revelar accidentalmente más de aquello con lo que estarías a gusto”.

No tenemos educación (sexual)

A la autora le pasa un poco como a los niños españoles, cuya educación sexual suele centrarse en evitar las enfermedades de transmisión sexual pero no en explorar sin complejos la propia sexualidad. Sin embargo, uno de los talleres, impartidos por el psicoterapeuta Dragan Zan Wright, tiene como objetivo “explorar el permiso, la comunicación y la dicotomía de dar y recibir”. Los deberes de dicho curso, trabajar con la pareja para poner una serie de límites en una práctica sexual suave: “Sentí una mezcla de preocupación y traición cuando mi pareja pasó de acariciar mi cuero cabelludo a tirar de mi pelo, y cuando mis manos pasaron de tocar sus gemelos a tocar sus muslos me sentí decepcionada”.

“Es bueno sentirse mal”

Lukas Zipra.
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Lukas Zipra.

Ese parece ser el lema del profesor del taller ‘Por favor, papá’, impartido por Lukas Zipra, y en el que explora las relaciones dedominación. Sin embargo, como explica la autora, no fue una experiencia particularmente satisfactoria: Zipra seleccionó a “la joven más convencionalmente atractiva”, le dijo “te poseeré” y pasó la hora acunándola en suregazo mientras la acariciaba. Se trata, en definitiva, de llevar la dinámica papá severo/niña mala al extremo, hasta el punto de que Zipra no utiliza ninguna palabra de seguridad (el término empleado en una relación sadomasoquista para comunicar el deseo de parar) porque “papá sabe”.

Sin embargo, esta experiencia en principio desagradable hizo que la autora se diese cuenta de que, en realidad, este tipo de cursos en los que uno se expone de manera tan directa con el sexo sirven para conocer exactamente lo que nos gusta… y lo que no. Zipra decía que “el cielo es el límite” cuando se trata de explorar los límites del sexo entre dos personas que confían mutuamente en sí, pero Garrett asegura que “el festival ofrece un buffet para elegir qué es el buen sexo, y al final puedes salir con una buena idea de lo que encuentras delicioso y lo que te parece muy poco apetecible”.

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