Las razones por las que ser actor porno es menos divertido de lo que parece
Califica esta publicación

Pregunte a cualquier hombre que se cruce hoy en su camino, o hágase la pregunta a usted mismo. ¿No sería maravilloso ser un actor porno? Ganar dinero, bastante dinero, a cambio de acostarse día sí y día también con mujeres maravillosas y codearse con todo tipo de famosetes. Todo ello rodeado por un cierto glamour que a ciertas personas puede resultarle atractivo, y que recuerda a la película de Paul Thomas Anderson Boogie Nights. Pero como bien recordarán los que viesen aquel largometraje, no todo son sonrisas y felicidad. Incluso en el caso de poder mantenerse lejos de adicciones, enfermedades y abusos, las dificultades de ser una estrella del porno son incontables e insospechadas. Al fin y al cabo es trabajo, y el trabajo no siempre es gratificante.

En un divertido artículo publicado en Cracked, Lance Hart, un profesional de la industria que ha trabajado a ambos lados de la cámara, proporciona un puñado de pistas para entender por qué hacer porno no es nada divertido. En primer lugar, porque al contrario de lo que ocurre cuando nos metemos en la cama con alguien a quien deseamos, nuestro objetivo no es el placer propio, ni siquiera el de la pareja, sino el del espectador. Eso quiere decir, básicamente, que todo está preparado para conseguir una imagen atractiva. Con ese objetivo en mente, los actores deben adoptar posiciones muy poco naturales, cuando no directamente dolorosas –Hart explica los problemas causados por las posiciones extrañas durante el sexo oral– al mismo tiempo que han de fingir que están disfrutando del mejor sexo de su vida.

Haciendo el amor (de ocho a cinco y sin pausa para almorzar)

No sólo el actor es el último que disfruta durante el rodaje, sino que este también tiene que sufrir los mismos problemas que cualquier otro tipo de intérprete. Si ya bastante doloroso resulta para un actor tener que llegar a un clímax emocional en las sucesivas tomas de una ficción convencional, aún más lo es tener que introducir su pene en algún orificio durante horas y horas, a petición del director. No digamos ya si se trata de la actriz, claro está. El cansancio hace mella rápidamente, lo que empeora el resultado final y dificulta el trabajo del actor.

No, no todo el mundo puede ser como Philip Seymour Hoffman, Mark Wahlberg o John C. Reilly en 'Boogie Nights'.
  • Facebook
  • Twitter
  • Google+
No, no todo el mundo puede ser como Philip Seymour Hoffman, Mark Wahlberg o John C. Reilly en ‘Boogie Nights’.

Al fin y al cabo, recuerda Hart, los intérpretes porno tienen que enfrentarse a una gran dificultad: mantener la erección todo el tiempo que sea necesario. Algo tremendamente psicológico, pero que no puede forzarse. Si un buen día no nos apetece trabajar, siempre podemos intentar motivarnos y rezar para que las horas pasen rápido. Pero si somos actores porno y estamos cansados o nerviosos, por mucho que intentemos ponernos en marcha, aquello no funcionará. Y si no funciona, todo el equipo –cámaras, el resto de actores, maquilladores, etc.– se quedará de brazos cruzados mientras el dinero del productor sigue gastándose. No es precisamente el mejor entorno para que la tan ansiada erección haga acto de presencia.

De ahí que muchos de los trabajadores se vean obligados a medicarse para evitar estos episodios de parálisis genital. Según explica Hart, las drogas más habituales son el Viagra, el Cialis (otras pastillas pensadas para la disfunción eréctil) o, la última novedad, una inyección que recibe el nombre de TriMix y que, aplicada al pene, permite que este se mantenga erecto durante horas… Incluso después de eyacular. Sea como fuere, ninguna de estas soluciones suena demasiado saludable.

Cuando salgo a tomar una copa es a tomar una copa. Para nada pienso estar con una mujer, porque es lo que hago todos los días

Además, hay otras situaciones complicadas en las que muchos no habrían reparado de entrada. Por ejemplo, los estándares para los exámenes médicos de cada tipo de actor (hetero, homosexual, bisexual) son muy diferentes. Los actores hetero no utilizan preservativos, pero los controles son rigurosos. Los homosexuales sí lo hacen, pero los análisis son distintos. Hart es bisexual (crossover) y, por lo tanto, muchas actrices hetero no quieren trabajar con él, ya que los estándares son diferentes. Llevar un preservativo durante horas no es del gusto de nadie: daña los nervios y provoca abrasiones en la vagina. Pero no te preocupes: eso sólo ocurre si, como ocurre frecuentemente en el porno, te ves obligado a penetrar a tu compañera (o ser penetrada) durante horas y horas.

¡Miradle, es un actor porno!

Más allá de los problemas relacionados de forma estrecha con la realización del acto sexual en sí, la sociedad entiende de forma peculiar la idiosincrasia de ser un actor porno. En un divertido vídeo humorístico, se veía a James Deen (una de las grandes estrellas del momento) acudiendo al banco, a su abogada, al médico… donde recibía constantemente proposiciones sexuales. Eso sí, cuando volvía a casa, su novia lo rechazaba porque prefería ver House of Cards. En Quora, por ejemplo, un actor anónimo señalaba que el mayor problema era recibir constantemente ofertas sexuales por correo electrónico. “Soy un intérprete”, se reivindicaba, y de igual manera que cualquiera consideraría ridículo contratar a Jennifer Lawrence para que interpretase las mejores escenas de Los juegos del hambre, algo semejante ocurre cuando quieren pagarle por hacer el amor.

En una entrevista con El Tiempo, un medio colombiano, Nacho Vidal explicaba que el mayor problema está relacionado con el “estereotipo del actor porno”, es decir, “que es un ser sin cerebro que sólo piensa en tener sexo”: “Yo soy odiado por todas las novias de mis amigos, porque cuando ellos salen de noche conmigo piensan que yo me los voy a llevar de putas”, explicaba. “Pero eso es imposible. ¿Para qué me voy a ir a trabajar? Cuando salgo a tomar una copa es a tomar una copa. Para nada pienso estar con una mujer, porque es lo que hago todos los días”.

La actriz Jenna Jameson, por su parte, lleva años advirtiendo contra los peligros del porno a todo aquel que quiera escucharla: tienes que hacer el amor con parejas que no te resultan atractivas, la prensa te tratará mal y si has conseguido cierta fama, tendrás que encontrarte a menudo con aficionados al porno que te tratarán fatal. Buenas razones para pensárnoslo dos veces antes de bajarnos los pantalones y lanzarnos al estrellato internacional.

Cortesía de elconfidencial.com

Déjanos un comentario