Las razones por las que somos monógamos (y por qué en breve todos seremos infieles)
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Cada cierto tiempo aparece una investigación sobre el asunto y, aunque plantean distintas hipótesis, todas parten de la misma idea: el ser humano, al igual que la mayoría de mamíferos (unas 3.990 especies de entre 4.000), no eran en origen monógamos. Tener la misma pareja durante toda la vida, o “hasta que la muerte os separe”, no es una buena idea desde el punto de vista evolutivo.

El esperma de los machos es abundante, no se tarda mucho en producir y es capaz de generar descendencia durante mucho tiempo. Las mujeres, por el contrario, tardan nueve meses en dar a luz, tienen un periodo de fertilidad más limitado, y necesitan cuidar a los hijos durante unos años hasta que dejan de ser criaturas increíblemente vulnerables. Es evidente que a la especie no le conviene que los hombres inviertan en una sola mujer, y las mujeres, aunque necesitan apoyo para criar a sus retoños, no necesitan que sus hijos sean siempre del mismo padre.

¿Por qué entonces la mayoría de la población vive hoy encadenando unarelación monógama detrás de otra? Se trata de una pregunta que biólogos y antropólogos llegan tiempo tratando de responder.

En la inmensa mayoría de las sociedades de cazadores-recolectores que sobreviven en la actualidad no existe nada parecido a la monogamia

Parece claro que, aunque la forma de aparearse fue evolucionando en el tiempo, el ser humano abrazó finalmente la monogamia “obligatoria” en elNeolítico, más o menos al mismo tiempo que descubrió la agricultura, la cerámica, y se abandonó la vida nómada propia de las sociedades de cazadores recolectores para asentarse en poblados estables. De hecho, en la inmensa mayoría de las sociedades de cazadores-recolectores que sobreviven en la actualidad no existe nada parecido a la monogamia. Y todo apunta, gracias a la información obtenida en miles de yacimientos, a que en la prehistoria los seres humanos vivían en grupos pequeños donde no existía lapropiedad. Se compartía la caza, el refugio, la crianza de los hijos y también la actividad sexual. Algo que maximizaba las probabilidades de supervivencia del grupo.

Hoy en día, de hecho, según el profesor de ciencias familiares de la Universidad de Maryland, Roger Rubin, solo 43 de las 238 sociedades existentes en el mundo son monógamas, aunque los integrantes de estas son mucho más numerosos.

El día en que inventamos el matrimonio

Hay diversas razones por las que los investigadores creen que el ser humano (y otros primates) empezaron a ser monógamos y, aunque cada autor piensa que “la suya” es la “razón principal”, lo más probable es que todas ellas jugaran su papel:

1. Proteger a los niños

Según un importante estudio publicado en 2013 en la revista ‘PNAS’, la monogamia surgió en los ancestros de los humanos como un recurso para prevenir el infanticidio, esto es, la muerte de los retoños de un grupo en manos de machos ajenos a éste.

Los niños son más vulnerables cuando dependen únicamente de su madre porque mientras ésta se centra en su crianza posterga otras concepciones, y los machos rivales solo pueden obtener otro apareamiento si matan al infante. La participación de los machos en la crianza abrevia a su vez el periodo de dependencia infantil y permite que las hembras estén disponibles para la reproducción más rápido.

Eso explica, según muchos científicos evolucionistas, por qué las mujeres son más conservadoras en su elección de pareja y menos promiscuas que los hombres, pues les interesa asegurarse de tener un hijo con alguien que se comprometa al cuidado de la familia.

2. Asegurarse a las mujeres

Según los investigadores de la Universidad de Cambridge, Dieter Lukas y Tim Clutton-Brock, la protección de los hijos fue una utilidad de la monogamia que apareció tras su implantación, no antes. Según su hipótesis, reflejada en un estudio de 2013 publicado en la revista ‘Science’, la monogamia surgió en algunas especies de mamíferos (algunos primates, algunos roedores y algunos carnívoros como los chavales o los lobos) como una estrategia de apareamiento, que apareció en las sociedades con baja densidad de hembras.

El fin de la promiscuidad en los seres humanos pudo deberse al cambio en los patrones dietéticos que redujeron la densidad femenina

“En aquellos lugares en los que las hembras están diseminadas”, explicaba Clutton-Brock en la presentación de la investigación, “la mejor estrategia para un hombre es quedarse con una hembra, defenderla y asegurarse de que todas sus crías son suyas”. Así se impuso la monogamia en muchos especies, pero los autores reconocen que es improbable que este fuera el caso de los humanos, que en su opinión ni siquiera deberían clasificarse como monógamos.

“Es posible que el cambio hacia la monogamia en los seres humanos pudiese ser el resultado del cambio en los patrones dietéticos que redujeron la densidad femenina”, explica Clutton-Brock. “Mientras que otra es que el lento desarrollo de los niños requiere atención prolongada por ambos sexos. Sin embargo, las adaptaciones culturales propias de los humanos hacen que sea difícil extrapolar en ellos las relaciones ecológicas de otros animales”.

3. Evitar las enfermedades de transmisión sexual

Es la conclusión a la que llega una investigación publicada la semana pasada en ‘Nature Communications’. Según explicó a ‘Sinc’ su autor principal, Chris Bauch, científico de la Universidad de Waterloo (Canadá), “en las sociedades más pequeñas, las infecciones de transmisión sexual no pueden persistir en el largo plazo, desaparecen debido a sucesos aleatorios, que son también más comunes en grupos pequeños. Por lo tanto, la poligamia no está en desventaja debido a que las infecciones no persisten. En las poblaciones más grandes, las infecciones son capaces de persistir, y esto es lo que hace que la poliginia sea menos ventajosa que la monogamia”.

En opinión de los autores de este estudio, a medida que las sociedades fueron creciendo aparecieron jerarquías, y los líderes de cada tribu o jefatura impusieron la monogamia, castigando a aquellos que no la respetaban, pues contribuían a la expansión de enfermedades.

4. Concentrar la herencia

Otros autores piensan que el matrimonio monógamo se estableció como la forma dominante, y casi obligatoria, de organización social, debido a cuestiones económicas. A medida que las sociedades agrícolas fueron creciendo la tierra disponible fue cada vez más escasa, y dividir ésta entre demasiada gente reducía su valor. La monogamia proporcionó una solución al problema, pues solo los verdaderos herederos de la unidad familiar recibían las posesiones de los padres.

La monogamia, por tanto, surgió como una forma eficaz de organizar a la sociedad: en unidades familiares. Y hoy, aunque cada vez hay más tipos de familia, esta sigue siendo la unidad básica de organización social.

Aunque nadie nos obligue, seguimos queriendo contraer matrimonio. (Natalie Fobes/Corbis)
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Aunque nadie nos obligue, seguimos queriendo contraer matrimonio. (Natalie Fobes/Corbis)

¿Sigue teniendo sentido ser monógamos?

Si aceptamos, como piensan la inmensa mayoría de científicos, que la monogamia no es la forma natural de relación entre hombres y mujeres ¿tiene sentido mantenerla hoy en día? O, más bien, ¿sigue siendo útil?

Hoy contamos con mecanismos para prevenir el infanticidio, las mujeres no necesitan un padre para criar a sus hijos, existen métodos más eficaces para frenar el avance de las enfermedades de transmisión sexual que evitar la promiscuidad y, en teoría (aunque esta es quizás la última barrera) existenmecanismos de redistribución social que hacen que la herencia no tenga tanta importancia. ¿Por qué entonces la monogamia sigue siendo, de largo, la forma más extendida de relación entre hombres y mujeres?

Si una persona casada sabe que no le van a pillar si tiene una aventura tiene muchas probabilidades de ser infiel

Para empezar, aunque casi todo el mundo acepta la monogamia como unanorma social infranqueable, son pocos los que la respetan. La infidelidad es una practica muy extendida en nuestra sociedad; son pocas las personas que se han mantenido inquebrantables en todas sus relaciones. Además, el porcentaje de personas que mantiene la monogamia con una sola persona durante toda la vida es minúsculo. La sociedad actual más que monógama es“monógama sucesiva” –una expresión acuñada por el zoólogo Desmond Morris, autor de ‘El mono desnudo’–: tendemos a establecer una pareja estable durante un tiempo y pasado este tiempo tendemos a sustituirla por otra pareja estable. Y así sucesivamente…

En opinión del psicólogo Raúl Padilla, experto terapeuta sexual y de pareja, debemos distinguir dos tipos de monogamia: hay una monogamia sexual, que implica no andar manteniendo relaciones con otras personas que no sean tu pareja, y una monogamia social, que implica tener una sola pareja con la que convivimos.

“La monogamia sexual no se ha cumplido casi nunca”, explica el psicólogo. “Si un monógamo sabe que no le van a pillar tiene muchas probabilidades de ser infiel, de saltarse la monogamia sexual. Pero eso no implica que se vaya a saltar la monogamia social”.

Y, en opinión de Padilla, esta sigue siendo útil: “Es más adaptativo para nuestra sociedad a todos los niveles: económico, biológico y psicológico. Tienes un punto de referencia, alguien con el que compartir y te sientes imbuido dentro de un grupo. A nivel social, como la sociedad retroalimenta a la familia como unidad básica, eres parte productiva de esta sociedad. Por eso seguirá adelante la monogamia social”.

Tener pareja nos conviene en el plano social, pero no en el sexual. (iStock)
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Tener pareja nos conviene en el plano social, pero no en el sexual. (iStock)

El futuro de las parejas

Entonces, ¿nos estamos yendo de madre cuando hablamos del fin de la monogamia? Sí y no. Nada apunta a que la monogamia social vaya a desaparecer, pero pronto aceptaremos que la monogamia sexual nunca ha tenido sentido, y es algo que cambiará por completo la forma en que nos relacionamos.

“No creo que vaya a desaparecer la monogamia, pero se va a relajar”, afirma Padilla. “Vamos a tener relaciones más dinámicas”. En opinión del psicólogo, que comparte la visión de muchos otros especialistas, la creencia social, de raigambre judeo-cristiana, que dicta que tenemos una sexualidad limitada y debemos enfocarla en una persona –y si algo de nuestra sexualidad cae fuera se la estamos quitando– está desapareciendo. Y si nos cargamos esa visión ancestral de la sexualidad como un recurso limitado, tenemos la vía abierta para el poliamor.

“Aunque tengamos una monogamia social, nuestra monogamia sexual se va a reducir mucho, porque no le estamos quitando nada a nuestra pareja, es más, podemos avivar nuestra vida sexual con ella al tener estímulos distintos y quitamos el aburrimiento y el tedio de la vida sexual”, explica el psicólogo.

Es imposible estudiar lo que está por venir, pero quizás dentro de unos siglos leamos investigaciones qué expliquen por qué en el siglo XXI la fidelidad conyugal desapareció para siempre de nuestras vidas.

Cortesía de elconfidencial

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