Las prostitutas vuelven a ocupar un lugar en el mundo del arte
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Picasso, Manet, Toulouse-Lautrec… Fueron numerosos los artistas que emplearon a prostitutas como modelos en muchas de sus obras. Libertinas, obscenas, con un enigmático rictus de triste felicidad resbalando de café en café, estas mujeres cuyos nombres a nadie le importan fueron tan creadoras de arte como el propio artista, pues si no hubiesen existido, habría tenido que imaginarlas. Para devolverles el lugar que merecen y normalizar su modo de vida, Londres acoge unos salones de pintura donde las modelos no son inertes bodegones dirigidos por el dibujante que se apodera de su cuerpo y su tiempo, sino que realizan un acto performativo heredero del arte que igualó a reinas y trabajadoras sexuales, inmortalizadas en un lienzo.

Fundada por la modelo, artista y activista Lauren Zoe, ‘porn life drawing’ (dibujo pornográfico del natural) es una nueva modalidad de taller de arte cuyas modelos son trabajadoras sexuales que surgió, como Lauren explica a El Confidencial, por la necesidad de romper con las estructuras clasistas ymachistas que rodean al mundo del arte: “Es un circuito predominantemente de hombres. Cuando trabajaba como modelo, fui asaltada sexualmente por un artista y al denunciarlo a la policía me dijeron que no podían hacer nada porque yo estaba desnuda. No es una historia aislada; he trabajado también en la industria del sexo y ocurre algo similar: hay estructuras de género y relativas a la sexualidad que están enquistadas”, cuenta Lauren, que creó estas clases con un propósito: demostrar que el hecho de que estés siendo sexual no le da derecho a nadie a creerse que puede serlo contigo.

(Lauren Zoe)
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(Lauren Zoe)

Sexo muy “al natural”

Normalizar un acto de alto voltaje y el trabajo sexual como algo que abarca mucho más que el sexo físico, una suerte de visión estimulante, inspiradora, que ayuda al artista a crear a través de la diversidad de escenas que se recrean: “Todo dependen de qué es lo que hace sentir cómoda a la modelo. A veces practica sexo o finge que lo hace, y en otras clases se realiza una ‘performance’ sadomasoquista. Es importante para nosotras incluir todas las clases, la enorme variedad de trabajo sexual que hay en la industria”, dice Lauren Zoe, que ha conseguido en el tercer salón crear un espacio segurodonde nadie es juzgado y todo ocurre con plena libertad, excepto porque solo mujeres y miembros de la comunidad LGBT pueden asistir a las clases.

Las prostitutas embrujaron a los pintores, bien porque aceptaban posar desnudas o porque emanaban una sensualidad libertina difícil de encontrar

Destaca que el sentido de estas sesiones, que impulsa desde Sex Worker Art Collective, no es “empoderar” -palabra muy de moda- a las trabajadoras sexuales, sino humanizar a las mujeres que han hecho de su cuerpo un ‘modus vivendi’ y crear puentes con un público de artistas y consumidores de arte; es decir, desmitificar la industria del sexo.

‘Machirulos’ bohemios

Elitista y clasista son dos características que para la activista definen los círculos artísticos y, por extensión, nuestra sociedad capitalista y patriarcal. “Las minorías deben enfrentarse a un sistema que prioriza al ‘hombre blanco’y se aprecian con frecuencia estas estructuras opresivas. Por ejemplo, ¿por qué una artista mujer es casi siempre una ‘artista feminista’ cuando muchas veces no tiene nada que ver con el feminismo? Sin embargo, si eres un hombre, nadie critica el posible trasfondo político de tus obras a menos que lo haya”, afirma.

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Desde ‘Las señoritas de la calle Avinyó’ de Picasso a las bailarinas del Moulin Rouge de Toulouse-Lautrec, pasando por Francis Bacon y Andy Warhol, el cuerpo de la prostituta embrujó a multitud de genios de la pintura, bien porque aceptaban posar desnudas o porque emanaban una sensualidad libertina difícil de encontrar en el resto de las mujeres. No obstante, dice Lauren, la visión que de ellas se tiene ha cambiado mucho con el tiempo. “El oficio pasó a percibirse como algo ‘sucio’, en tanto que el arte empezó a verse como un ‘hobby’ de clase alta”, y añade que hoy en día, con todos los avances que se han producido en salud sexual, “hay quienes siguen viéndolas ‘sucias’, como unas zorras vergonzosas y promiscuas”. Por ello, en estas clases, los participantes no se limitan a posar o pintar, sino que reciben información sobre los derechos de las trabajadoras sexuales y el “doble rasero de las legislaciones sobre porno”, y todo lo que rodea al mundo del trabajo sexual. Un discurso que hermana arte y política.

Si, como dijo Baudelaire, el arte es prostitución, la prostituta en su papel de modelo no solo es origen de la obra sino también su cocreadora.

Cortesía de elconfidencial.com

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