La realidad de los tríos sexuales
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Los tríos pueden considerarse “actividad sexual alternativa”, como la califica un artículo de ‘Psychology Today‘ Zhana Vrangalova.

Un 24% de los chicos encuestados afirmaron que habían participado en un trío, mientras que sólo un 8% de las chicas dijeron haberlo hecho.

Dos estudios canadienses sobre el tema han cubierto a base de encuestas todas las posibilidades “ortodoxas” del asunto: los tríos con dos hombres y una mujer y los tríos con dos mujeres y un hombre, tanto desde el punto de vista de ellos como de ellas (tres mujeres o tres hombres, tríos de homosexuales o lesbianas, no parecen existir en esta cosmovisión). En uno de ellos, el más completo, publicado en los Archives of Sexual Behavior por Ashley Thompson y Sandra Byers, se recogieron las posturas de 274 individuos heterosexuales de entre 18 y 24 años, el 74% de los cuales eran mujeres. Un colectivo que, se afirma en el artículo, “acepta mucho más que antaño lasactividades sexuales no tradicionales como el sexo premarital o el sexo casual” (Aquí, de nuevo, hay que aceptar como premisa que esas formas de sexo no son “tradicionales”. En literatura a eso se le llama “suspensión de la incredulidad”, y se recomienda usar el recurso al principio del libro).

Los resultados de tan parcial muestreo concluyen que los jóvenes universitarios heterosexuales canadienses (“gente” en el artículo), con pequeñas variaciones, piensan que los tríos no son algo fuera de lo común ni algo que se vea como inaceptable, pero tampoco algo “mainstream”. El interés de la mayoría de los encuestados, vagos ellos, era relativamente bajo: no estarían cerrados a la opción si se presentase del modo adecuado, pero que tampoco era algo que buscasen activamente.

Un 24% de los chicos encuestados afirmaron, sin embargo, que habían participado en un trío (para no buscarlo, un porcentaje excelente), mientras que sólo un 8% de las chicas dijeron haberlo hecho. “Por supuesto”, dice la autora, “esos resultados arrojan una pregunta: ¿Quiénes son exactamente las mujerescon las que esos hombres están haciendo sus tríos (los que se llevan a cabo entre un hombre y dos mujeres, principalmente)?”

“Esa más o menos es la misma pregunta que me hacía yo”, comenta Juan, abogado madrileño de 35 años, “cuando mis amigas me decían hace tiempo –en el ámbito hetero– que los hombres eran mucho más infieles que las mujeres”. “Betrayal takes two”, dicen los ingleses. Hacen falta dos para una traición. “¿Con quién eran sistemáticamente infieles toda esa manada de hombres?”, insiste juan. “¿Con cinco o seis mujeres?”. ¿Con quién realizan, pues, sus tríos los jóvenes estudiantes masculinos si no es con sus “iguales”?Misterio.

Creo que es algo que encuentras relacionándote con grupos de gente que están metidos en ese asunto. Si simplemente esperas, quizá aparezca

La respuesta de Vrangalova, aunque “argumentativa”, enfoca a un interesante complejo cultural/social que todos conocemos de sobra: “Es posible que esas mujeres no formen parte de ese núcleo de estudiantes, o que haya un pequeño grupo de mujeres de ese conjunto que sean las que ofrezcan esas experiencias, pero también es posible que los hombres estén contando más de lo que hacen en realidad para presentarse como más ‘machos’ y/o que las mujeres encuestadas, por el contrario, estén contando menos de lo que hay para aparecer como menos ‘putones’”. O sea, la de siempre. María, psicóloga andaluza, de 40 años refleja su experiencia, y se parece bastante a las conclusiones del estudio canadiense. “Los tríos no son algo que yo haya tenido en mente de manera constante en mi mundo sexual, y pese a que mi vida sexual ha sido activa, sólo se me ha presentado la oportunidad en dos ocasiones. Una por casualidad, en una fiesta, a muy altas horas, otra, porque me lo propuso una pareja, con un amigo de ella. Creo que es algo que encuentras si realmente lo quieres, relacionándote con grupos de gente que están metidos en ese asunto. Si simplemente esperas, quizá aparezca, pero muy rara vez”.

El trío con Maribel Verdú de ‘Y tu mamá también’.

Ya fuera de la pura estadística, el artículo afirma algunas cosas que serían cuando menos discutibles. Escojamos una: “Comparados con las mujeres, los hombres aceptan más los tríos, en general, y están más interesados y tienen más experiencia en tríos con dos mujeres. No es sorprendente, porque los hombres son generalmente más aventureros sexualmente hablando y aceptan más que las mujeres cualquier tipo de sexualidad no tradicional”. ¿Es una afirmación aceptable, dadas las ocultaciones de las que hablábamos antes?

A la espera de estadísticas canadienses más completas, lo único que se puede concluir es que la percepción que los medios y las encuestas dan sobre estos temas es sesgada y clásica en sus aproximaciones. Algo de eso se muestra también en las experiencias que algunos internautas comparten en reddit,‘cautionary tales’ de libro que parecen escogidos por alguien que deseara convencernos a toda costa de que meterse en la cama con otras dos personas acaba siempre en desastre.

En una de las más extensas que encontramos, una mujer cuenta como accedió a hacer un trío con su novio y una desconocida para encontrarse con que “él se pasó follando con ella casi todo el tiempo y yo tuve que quedarme allí, viéndolo y masturbándome”, y pasar después a toda una serie de reflexiones juveniles sobre las “promesas rotas”.

Fue una de las experiencias más divertidas de mi vida. Repetimos alguna vez. Ocasionalmente, lo echo de menos

El siguiente en aparecer, esta vez contado por un hombre, aunque también sobre un trío con dos mujeres, no es muy distinto en su pacatería: hace un trío con su novia y una “conocida” pero las cosas acaban torciéndose para el feliz gallo del corral: “Ahora ella dice que como yo he tenido sexo con otra chica, ella quiere tenerlo con otro chico, conmigo incluido o por su cuenta. Mi respuesta es un no rotundo. Siento que todo eso del trío fue una emboscada para poder acostarse con otros”.

Material más que de sobra para empezar a reflexionar sobre el fantasma de la infidelidad y las curiosas líneas con que lo delimitamos. O sobre el significado de “modernidad”. O sobre lo que consideramos “la sociedad” y las enormes partes de ella que dejamos fuera del concepto.

Nos quedamos con la conclusión de María, que estadísticamente no significa nada, pero al menos es sincera: “En una de las dos ocasiones que te cuento al final no pasó nada. En la otra sí. Y fue una de las experiencias más divertidas de mi vida. Repetimos alguna vez. Ocasionalmente, lo echo de menos”.

 

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