Cinco señales que demuestran que estás a punto de engañar a tu pareja
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Quedan a menudo, comparten bromas en redes sociales y en público, tienen su propio lenguaje ‘secreto’ y sólo ellos entienden sus bromas, hablan sobre lo mal que van sus relaciones… ‘Anda ya, solo son amigos’, pensarán muchos. Claro, a simple vista puede parecer que sólo se llevan bien incluso que, bueno, tontean un poco porque tienen mucho en común, pero a la larga esa recién nacida relación de colegueo máximo entre dos personas puede estar sentando las bases de algo que acabará, probablemente, en un encuentro carnal.

“Están en esa zona difusa entre la amistad y la infidelidad en la que es probable que los tonos grises en los que ve a su pareja, acaben por ser radicalmente blancos o negros”, comenta Laura Tedesco, quien asegura que es bastante sencillo identificar si alguien relativamente cercano como un amigo o compañero de trabajo está engañando a su pareja (o al menos se dirige a ello en caída libre).

En otras palabras, una relación que consideramos como algo totalmente inocente, podría acabar con nuestra relación, al menos si se dan algunas de las cinco señales que el experto en psicología de pareja y profesor en la Universidad de Michigan Daniel Kruger ha recogido en ‘Men’s Health’. Ojo, porque si descubres que eres tú quien lo hace, podrías estar en medio de una aventura amorosa y a un paso de cometer una infidelidad. Y no te habías dado ni cuenta.

1. Infidelidad informativa

Desde comentar que a tu pareja no le gusta ese guiso que te sale tan bien o que hay que ver porque nunca recoge los pelos del desagüe, de pronto te encuentras comentando que odia determinada postura sexual o que se ahoga cuando practicáis sexo oral. Esto… No, muy normal no es, por mucho que te lo repitas a cada nuevo secreto que revelas.

“Hablar de estos temas es en sí un acto de intimidad”, comenta Kruger, quien denomina estos actos de exceso de confianza con una persona del sexo opuesto, en principio, ajena a nuestra relación como una “infidelidad informativa”. Estas confesiones orales pueden interpretarse fácilmente como un signo de unión emocional “que para las mujeres puede resultar una mayor amenaza que una conexión sexual”, asegura el experto en diferencias de género.

¡Uhhh! Ella se enrosca el pelo, amigos. Aquí hay más que 'colegueo'. (iStock)
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2. Fanatismo por sus quehaceres

Puede que realmente sólo estés interesado en ver lo que publica en su muro de Facebooko te guste hacerte eco de las informaciones que comparte en redes sociales, como te ocurre con tantas otras personas, pero si es lo primero que hacemos al abrir nuestros perfiles –más aún si lo hacemos desde el móvil para que no nos vea nuestra pareja y nos aseguramos de cerrarlo para no ser descubiertos– es mirar qué ha hecho o dejado de hacer ‘esa’ persona en Internet, la amistad está empezando a convertirse en obsesión.

Ni qué decir que si cuando alguien comenta algo de una de sus fotos de perfil de hace 7 años, observamos que la otra persona comenta lo graciosa/bonita/impactante que es la imagen, estará demostrando que ha visitado tantas veces el álbum que se lo sabe de memoria.

3. Invitas a una copa, que no a una ronda

No es que te acerques a una persona desconocida en un bar, observes que está bebiendo y le invites a una copa o, con toda tu jeta, solicites que te invite a la siguiente. Es más bien preocuparnos sólo por lo que quiere beber o comer una persona en concreto, lo que puede dar la sensación de que el resto ni te van ni te vienen y buscas adular o conquistar a base de ‘copazos’ a una en concreto.

“Puede interpretarse como un gesto generoso y agradable, pero también como que estás intentando ligar con alguien, especialmente si vas a por una bebida sólo para esa persona en lugar de una ronda para todos”, comenta Kruger, quien no duda en trasladar la situación a los extremos y asegura que el simple hecho de llevarle un café en la oficina y estar pendiente de qué toma –y con cuánto azúcar– es señal de que nos gustaría tener algo con esa persona. Abre la hucha e invita a todo el mundo, no vaya a ser que el vaso de café acabe en una noche loca en un motel.

4. Juegas en tu terreno con la persona ajena

Cuando te descubras llevando a esa persona a cenar al restaurante dónde celebraste tu aniversario, paseando al atardecer por la zona del parque dónde plantaste un árbol con tu pareja o visitando lugares míticos de tu infancia y adolescencia desvelando tus recuerdos más íntimos y vergonzantes, se te está yendo de las manos.

“Esos lugares están fuera de los límites incluso para ir con tu mejor amigo de la infancia”, sentencia un poco radical Kruger. La realidad es que en cierto modo te estás llevando ‘trabajo’ a casa. Si quieres poner freno a la situación, establece límites.

5. ‘¿Te has cortado el pelo?’

El profesor Kruger lo tiene claro: si empezamos a fijarnos en los cambios estéticos de una persona y percibimos, por ejemplo, que se ha rapado la cabeza o ahora lleva el pelo azul, no hay duda, vamos a acabar en la cama con ella (o al menos, es nuestro deseo más oculto). “Percibir cualquier cambio sutil en la apariencia de una persona del otro sexo implica que le estamos prestando una atención especial”, comenta el experto.

Anda, entre risa y risa mirad dónde habéis acabado. Bribones. (iStock)
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Cortesía de elconfidencial.com

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