SERES QUE SE HAN VUELTO MITOLÓGICOS (II)
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EL VENDEDOR DE CAFÉ

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En algunos pergaminos de la era pre-dolartoday encontramos registros de este personaje que de cotidiano pasó a ser mítico, porque hasta los creyentes más fervientes de la epopeya cuartorrepublicana ya dudan de si su existencia fue verdadera o no.

Era este un espécimen de la cultura urbana que, según cuentan los antiguos códices, vendía un brebaje llamado café, que era digno de los dioses y que consumían todas las castas de la sociedad. Con énfasis en “consumían”, pasado pretérito pluscuamperfecto anterior del verbo “haber”.

Desde las viviendas más humildes hasta los palacios más lujosos tenían su cafetera, manga, greca, media o afines, artilugios necesarios para preparar la codiciada infusión. Era tal su aceptación que dio origen a nuestro protagonista de hoy: el vendedor de café. Porque para aquellos que pasaban horas fuera de casa, era impensable prescindir del cafecito. Es por ello que este héroe nacional salía todas las mañanas, termo en mano, a procurarle a los adoradores del dios Guayoyo su dosis diaria de la aromática bebida.

Cuentan otras fuentes anónimas, antónimas, sinónimas y homónimas, que esta infusión podía venir en diferentes presentaciones: negrito corto, negro largo, marrón claro, marrón oscuro, con leche, tetero y un largo etcétera que nuestros investigadores no han podido verificar porque se albergan serias dudas de que tal producto haya existido realmente.

Lo cierto es que el Vendedor de Café era este ser superdotado que sin temor alguno se paraba en medio de autopistas, desafiando a los vehículos en movimiento, en las salidas del metro, en las colas de los supermercados o en las puertas de cualquier ministerio. Dicen algunos que en las oficinas era posible verlo salir de debajo de los escritorios, de la bandeja de la fotocopiadora o del hueco del ascensor, siempre

con su termo en mano y, a veces, hasta desafiando la gravedad con más de cuatro termos, uno de los cuales llevaba en la cabeza.

La desaparición del personaje es otro misterio que no hemos podido resolver porque, para empezar, no tenemos evidencia científica comprobable ni siquiera de un piche grano de café, por lo que es casi imposible determinar si hubo alguien, alguna vez en la historia, que de verdad, verdad lo haya tomado y mucho menos vendido. Por eso, hasta ahora, para nosotros es un mito.

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