Chistes de Querre Querre (Vol. 2) / Chistes de Abogados
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Disfruta de la colección de chistes de Querre Querre vol. 2 (Chistes de Abogados), diviértete con las mejores tramas y mini-historias. En los próximos días, se estarán publicando chistes diariamente sobre diversos temas, por otro lado, la mayoría adoptara un personaje de Fullchola como el encargado de la categoría. ¡Ahora comienza a disfrutar de estos  grandes clásicos!

Para más chistes: Chistes del Gallego Andurria (Vol. 4) / Chistes Gallegos

Chistes de Querre Querre Vol. 2


Candidato a buen abogado

Alumno de Derecho al hacer una prueba oral:

– ¿Qué es un fraude?

– Es lo que el Sr. Profesor está haciendo ahora mismo – responde el alumno.

El profesor queda indignado:

– ¡Lo que faltaba! ¡Explíquese!

Entonces el alumno dice:

– Según el Código Penal, “comete fraude todo aquel que se aprovecha de la ignorancia del otro para perjudicarlo”.


Honestidad del Abogado

En una entrevista de selección de abogados para una empresa, el jefe de personal le dice a uno de los aspirantes al puesto de trabajo:

– Como usted comprenderá, en una empresa como esta, se requiere una absoluta honestidad e integridad personal. ¿Se considera ud. un abogado honesto?

– ¿Honesto?, -replicó el abogado candidato al puesto de trabajo-. Permítame usted que le diga algo sobre la honestidad: cuando yo empecé a estudiar Derecho, mi padre me prestó 15.000 euros para que yo pudiera pagar mis estudios, y yo le devolví hasta el último centavo cuando tuve mi primer caso.

– Realmente impresionante, -replicó el jefe de personal-. ¿y de que tipo de caso se trataba?

El abogado se revolvió un poco en su silla y contestó:

– Bueno, mi padre me reclamó judicialmente el dinero que me había prestado.


Resulta que está un anciano haciendo su testamento con el abogado, y dice el viejo:

– Y mi última voluntad es que me entierren con música.

A lo que respondió el abogado:

– No faltaba más, señor Sánchez. Pero dígame una cosita nada más, ¿Qué tipo de música le gustaría escuchar?


La confesión de Piripicia

En una pequeña ciudad del interior, el Fiscal del Juicio llama a su primera testigo -una viejita de edad bien avanzada- y, para comenzar a construir una línea de argumentación, le pregunta:

– Doña Piripicia, ¿Ud. me conoce, sabe quién soy y qué es lo que hago?

– Claro que lo conozco, Andres! Yo lo conozco desde cuando era bebé. Las personas que lo veían en aquel entonces sólo lloraban. Debió haber sido por el pitito chiquitito que usted tenía. Y después, francamente, usted me decepcionó. Usted miente, traiciona a su mujer, manipula a las personas, gusta del chusmerío. Usted cree que es influyente y respetado en esta ciudad, cuando en realidad es usted un verdadero desgraciado. Ni siquiera sabe que su hija está embarazada y, por lo que pude enterarme, ella ni siquiera sabe quién es el padre de la criatura. ¡ Ah si lo conozco ! ¡ Claro que lo conozco !

El Fiscal queda petrificado, incapaz de dar crédito a cuanto estaba oyendo. Queda mudo, mirando hacia el Juez y hacia los jurados. Sin saber qué hacer, señala al abogado de la defensa y pregunta a la viejita:

– Y al abogado de la defensa, ¿Ud. lo conoce?

– ¿A Robertito? ¡ Claro que lo conozco ! Desde chiquito. Yo lo cuidaba cuando María, su mamá, aprovechando la ausencia de su marido, salía para atender cualquier otro “compromiso”. Y él también me decepcionó. Es perezoso, puritano, alcohólico y siempre está queriendo dar lecciones de moral al resto de la gente sin siquiera tener moral propia. No tiene amigos y, además, lleva perdidos casi todos los juicios en los que actuó. Al margen de estar siendo traicionado por su mujer con el mecánico … ¡ con el mecánico !

A esas alturas, el Juez pide a la señora que permanezca en silencio, llama al Fiscal y al abogado de la defensa al estrado y les dice en voz baja a ambos:

– Si alguno de ustedes le llega a preguntar si me conoce a esta vieja, lo voy a condenar a la silla eléctrica… ¿Fui claro?


En una sala del juzgado, viene entrando el Juez para dar inicio a una audiencia…

En ese momento, el fiscal se levanta y le grita al abogado defensor:

– ¡Es usted un sinvergüenza!

El abogado defensor le responde gritando:

– ¡Y usted es un ladrón!

El Juez toma asiento y tranquilamente dice:

– Bueno, ya que ambas partes se han identificado plenamente, podemos dar inicio a la audiencia.


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