¿Por qué sentimos emociones en nuestros intestinos y estómago?
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¿Por qué nuestras tripas son tan emocionales, hasta el punto de ser consideradas casi como un segundo cerebro?

Los complejos intestinos

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Si los 100 mil millones de microbios que viven en nuestros intestinos se pudieran juntar en una sola masa, esta pesaría más que nuestro cerebro.

En su reciente libro, La conexión mente – intestinos, el Dr. Emeran Mayer, de la UCLA, explica cómo estos organismos microscópicos participan en el diálogo que se produce entre el cerebro y las tripas. Mediante esa conexión, colaboran con los procesos con los que nos estresamos, enfermamos y sanamos.

Tendemos a pensar que los intestinos son solo unos tubos por los que absorbemos los alimentos y evacuamos, pero la realidad es mucho más complicada. Aparte de eso, las tripas son un complejo sistema sensorial, inmunológico y de señalización.

Cuando comemos en exceso, nos pasamos de tragos o algo nos cae mal, esta inmensa flora microbiana, que tiene su propia inteligencia, avisa que hay que hacer un desalojo de emergencia por arriba y sobreviene un vómito. Otro tanto ocurre cuando el desalojo se produce violentamente por abajo, en medio de una diarrea.

El vago es un nervio muy ocupado

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Los estudios hechos con ratas y ratones de laboratorio han permitido indagar sobre la conexión entre los microbios intestinales y el cerebro.

En la investigación se manipularon los microbios en los intestinos en los roedores, pudiéndose observar cómo se modificaban los patrones de apetito, bienestar y sueño.

Al parecer, algunas señales enviadas por los microbios activan las terminaciones del nervio vago en los intestinos. Los patrones de comportamiento anteriormente señalados desaparecieron cuando a los animalitos se les cortó el nervio vago.

Un campo casi virgen

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Todos hemos sentido alguna vez esas «emociones» en el estómago cuando estamos enojados, asustados o eufóricos.

Cuando nos enojamos, el estómago se contrae, secreta más ácidos e incrementa su flujo sanguíneo. Cuando estamos ansiosos, liberamos más hormonas del estrés, como la adrenalina y la noradrenalina.

Los estudios indican que estos cambios son avisados a los microbios de los intestinos, que tienen unos receptores para captar la información.

También se sospecha que pudiera haber una relación entre los microbiosintestinales y afecciones como el Parkinson, el Alzheimer y el autismo. Sigue habiendo muchos enigmas es este fascinante microcosmos intestinal. Intentando indagar sobre la depresión, los especialistas pusieron en ratones los microbios intestinales de una persona deprimida y los animalitos siguieron tan alegres como antes.

Es un campo de investigación que recién está comenzando. Hace solo 5 años, nadie estaba haciéndole tantas preguntas a los microbios intestinales.

 

 

Vía: Batanga

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