La increíble historia del rey al que le cosieron la boca
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Ser rey parece cosa fácil, pero la historia ha demostrado muchas veces que no lo es tanto. En muchos casos, esas personas se encontraron con el cargo “por mandato divino” sin quererlo. Vivían regiamente pero tenían unas obligaciones a las que no se les daba la opción de renunciar y que muchas veces excedían sus posibilidades físicas o mentales. Las intrigas políticas entorno a su persona y su sucesión eran continuas ya quela figura del rey suponía estabilidad en momentos históricos en los que ésta se hacía muy difícil. En esta ocasión os traemos la historia del rey al que cosieron la boca.

El rey al que cosieron la boca

Sancho de León nació en el año 935. Era el segundo hijo varón de Ramiro II. A la muerte de su hermano Ordoño III en el año 956, él heredó la corona leonesa. Subió al trono con el nombre de Sancho I. Al poco de reinar ya tenía un sobrenombre: era conocido como “el craso”. Efectivamente, el rey estaba obeso y la gente del pueblo no dudó en apodarlo así. Necesitaba ayuda para levantarse e incluso para caminar. Se mantuvo en el poder durante dos años, hasta que fue expulsado del trono por su gordura. Los nobles de león y Castilla lo rechazaron por su gordura (pesaba 240 kg.) ya que dudaban que pudiera engendrar descendencia con los problemas derivados de su peso. Nombraron rey a su primo Ordoño IV.

Sancho huyó con su esposa y se dirigió a Navarra para pedir consejo a su abuela Toda de Pamplona. Ésta le dijo que si quería recuperar su trono debía perder todos esos kilos de más. Viajaron a Córdoba para seguir un tratamiento con un médico judío de la corte de Abderramán III. Además pactaron con el rey musulmán que les ayudaría a recuperar el trono a cambio de que le cediese unas poblaciones a orillas del río Duero. El médico se llamaba Hasday Ibn Saprut y le impuso un duro tratamiento.

Hasday Ibn Saprut empezó por coserle la boca para que no pudiera ingerir ningún alimento sólido. Le dejaron un pequeños hueco entre los labios por el que podía introducirse una cánula y sorber agua y unas infusiones especiales que el médico le preparaba. Lo tenían encerrado en una habitación y únicamente salía para hacer ejercicio. Le hicieron pasear por los jardines. Al principio tuvo que ser ayudado por unos criados que estiraban de unas cuerdas atadas a su cuerpo y lo obligaban a dar paso tras paso. Al acabar el ejercicio lo sometían a un baño de vapor que duraba horas para que se desprendiera del líquido y la grasa acumulados durante años. Como la piel quedaba flácida al ir perdiendo peso, lo sometieron a durísimos masajes para que la piel recobrase su tono.

Las crónicas cuentan que al cabo de 40 días había perdido la mitad de su peso. Ya podía montar a caballo, guerrear y engendrar descendencia. Sólo le quedaba recuperar su trono. En el año 960 volvió a ser el rey de todos sus territorios con la ayuda de los musulmanes (a los que luego traicionó). Murió, al parecer envenenado, en el año 966 y le sucedió su hijo Ramiro III que en aquel momento contaba 5 años.

 

 

Vía: Supercurioso

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