¿Existieron los cinturones de castidad?
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Cuenta la leyenda popular que los caballeros medievales antes de comenzar sus aventuras y viajes de larga duración “vestían” a sus esposas con aparatosos cinturones de castidad. Estos cinturones hechos de metal y cuero tenían como objetivo preservar los atributos más íntimos de sus mujeres ante posibles “ataques” e “intrusiones” de otros intrépidos caballeros o de algún que otro osado juglar. De este modo, los caballeros medievales podían preservar su linea de sangre limpia y protegida de contaminación “extramatrimonial”.

Los cinturones de castidad supuestamente estaban diseñados de tal manera que una posible relación sexual podría causar graves daños a ambos participantes. Pinchos, bordes cortantes, cepos y otros mecanismos que seguramente no te quieras imaginar.

Pero, ¿de verdad existieron los cinturones de castidad medievales?

Hasta ahora se creía que sí pero los historiadores modernos consideran que los cinturones de castidad nunca han existido, al menos tal y cómo los conocemos. El museo Británico declaró como falso un cinturón de castidad que habían estado exhibiendo durante más de 150 años y desde entonces otros muchos museos han ido retirando progresiva y silenciosamente todos los cinturones de castidad que tenían expuestos tras comprobar que eran falsos.

Por lo tanto, malas noticias para los fetichistas: Los expertos corroboran que no hay indicios de que se haya usado alguna vez en la historia un cinturón de castidad, exceptuando eso sí, los modernos cinturones. Se cree que la mitificación de los cinturones de castidad puede venir por la sátira de algunos escritores franceses como Rabelais.

¿Y ahora? Existen los cinturones de castidad

Hoy en día no es difícil encontrar “cinturones de castidad” modernos, pero estos cinturones no están diseñados con el mismo objetivo con el que supuestamente debían estar diseñados los cinturones de castidad medievales. Hoy en día, estos artilugios forman parte de los juegos eróticos de algunas parejas atraídas por el lado más fetichista de estos objetos, claro que sus diseños no deberían suponer un peligro a la hora de mantener relaciones íntimas.

 

 

Vía: Super Curioso

 

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