Estos son los beneficios de dejar de ingerir bebidas alcohólicas
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Estadísticas de la Organización Mundial de la Salud señalan que los colombianos beben, en promedio, 6,2 litros de alcohol al año, en buena medida en eventos, reuniones y celebraciones.

Lo que todos esos bebedores sociales ignoran es que si dejaran de tomar licor (o disminuyeran su consumo), su salud y calidad de vida obtendrían grandes beneficios.

Las siguientes son seis de los más notables.

1. Se baja de peso: el alcohol tiene muchas calorías, que a la larga se transforman en grasa que se acumula en el cuerpo. Algunos estudios señalan, por ejemplo, que durante un día de consumo moderado (un asado, por ejemplo), el solo alcohol ingerido le aporta a un hombre 433 calorías extra, lo que equivale, aproximadamente, a una hamburguesa cuarto de libra, sin el queso; en cuanto a las mujeres, el aporte extra es de 300 calorías, es decir, una hamburguesa con queso, de las más simples.

Otras investigaciones han vinculado, además, la ingesta de alcohol con una mayor capacidad de percibir aromas de las comidas, lo cual puede abrir más el apetito. En definitiva, a menos trago, menos calorías.

2. Se duerme mejor: el alcohol no permite a quien lo ingiere alcanzar la fase profunda del sueño, exacerba los ronquidos y, si bien deprime el sistema nerviosos, una vez metabolizado aumenta en el cuerpo los niveles de adrenalina. Por eso no es raro que la persona despierte a mitad de la noche algo acelerada y, en el peor de los casos, con guayabo.

3. Se mejora la tonicidad muscular: si acostumbra entrenar en el gimnasio, pero su tono muscular sigue luciendo flácido y desacondicionado, es probable que el trago tenga la culpa.

Distintos estudios responsabilizan al alcohol de interferir con el crecimiento muscular, y de hacer más doloroso y lento el proceso de recuperación después de practicar deporte.

4. La piel se ve más sana, menos opaca y más hidratada.
El alcohol es diurético, es decir, que aumenta la producción de orina. Pero no solo hace que la gente experimente ganas frecuentes de ir al baño, tampoco permite que el cuerpo reabsorba el agua que necesita. Todo esto se refleja en la piel; en quienes sufren males como la rosácea (enfermedad crónica que causa enrojecimiento, inflamación y hasta engrosamiento de la piel), el efecto se multiplica.

5. Se reduce el riesgo de cáncer: según el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, el consumo de alcohol ha sido vinculado con el aumento del riesgo de padecer tumores de boca, hígado, mama y colon y de recto, entre otros; las probabilidades aumentan, cuando crece también la ingesta de licor.

6. Protege a su hígado. Hay que dejar claro que el hecho de que el hígado pueda metabolizar el alcohol, no quiere decir que el cuerpo humano esté hecho para necesitarlo. Es más, no puede perderse de vista que cuando éste llega en altas cantidades a este órgano, lo va dañando. Mejor dicho, acaba atrofiándose por el exceso.

No al exceso

El hígado del 90 por ciento de los consumidores crónicos de alcohol se llena de grasa; si éstos siguen tomando esa grasa desencadena una respuesta inflamatoria. Ambos factores combinados reciben el nombre de esteatohepatitis alcohólica. Y si estas personas siguen bebiendo se echan a andar mecanismos de defensa muy fuertes, que conllevan la pérdida progresiva de tejido funcional: las células en buen estado empiezan a dañarse y a morir; ese tejido empieza a ser sustituido por tejido cicatrizal o fibrosis. A la larga esa fibrosis desencadena en la cirrosis, que ya es la pérdida de la arquitectura hepática.

 

 

Vía: El Tiempo

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