Esta es la historia de nuestro cerro El Ávila
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En la conformación de esas características y valores del entorno natural de la capital, tuvo siempre importancia y una singular influencia, la imponente serranía que la separa del mar: el Macizo de El Avila.

Desde que fuera fundada en 1567 por Diego de Losada, la ciudad de Caracas gozó de una merecida fama por las condiciones ambientales excepcionales que reinaban en su alargado valle. Asentada en una alta meseta montañosa cercana al litoral, dotada de magníficos recursos naturales y de un clima subtropical sin grandes variaciones en la temperatura y en la pluviosidad anual, la capital de Venezuela fue hasta las cuatro primeras décadas del presente siglo, el centro urbanizado por excelencia del país y el principal polo de atracción de la población rural

Este prominente rasgo fisiográfico, que define por el Norte el límite del valle, está indefectiblemente unido a la historia y a la ecología de la ciudad y es parte vital de la misma. Por eso se han hecho grandes esfuerzos para preservarlo, ya que forma prácticamente una unidad con la ciudad de Caracas.

En 1952, con ocasión de reunirse en Caracas la Asamblea de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y de los Recursos Naturales (UICN) se propuso que el Cerro El Avila fuese declarado Parque Nacional.

En 1954, el Rvdo. Hermano Ginés, director de la Sociedad de Ciencias Naturales La Salle, ponía una vez más de relieve el valor de la montaña cuando afirmaba que: «Caracas puede sentirse orgullosa y agradecida de haber sido favorecida por la Naturaleza con montañas como la de El Avila, a cuyos pies se cobija y de cuyo paisaje puede disfrutarse permanentemente. Esa montaña y otras circundantes… constituyen no sólo el elemento paisajístico cantado por los poetas y el origen de muchas aguas, sino que viene a ser providencial para proporcionar aquel factor que le falta al hombre en la ciudad… el contacto con la Naturaleza».

Estos significativos antecedentes, junto con el violento crecimiento que experimento Caracas, en la década de los años 50, constituyeron la principal motivación para que el Gobierno Nacional tornara la sabia y previsora decisión de decretar la creación del Parque Nacional.

La disposición oficial fue muy acertada y oportuna, ya que permitió hacer frente a las fuerzas incontroladas de expansión física y demográfica de la ciudad, que amenazaban con desbordarse sobre la montaña mayor. Ella también subrayaba, desde luego, el interés de revalorizar la única zona verde homogénea de la metrópoli, poniendo al servicio y disposición de una numerosa población una zona de expansión al aire libre en las proximidades de la ciudad. El Avila juega un papel trascendental como zona de dispersión poblacional y corno pulmón vegetal además de los grandes beneficios que puede rendir a la investigación científica, a la educación ambiental y al esparcimiento de la población.

El Parque Nacional El Avila fue establecido por Decreto N.° 473 de fecha 12 de diciembre de 1958, el cual afecto un área de 66.192 Ha. El 25 de marzo de 1974 se emitió el Decreto N.° 30.408 que incorporó tierras adicionales al Parque y aumentó su superficie a un total de 85.192 Ha.

El Parque El Avila tiene condiciones y situaciones muy especiales, ya que en casi todo su perímetro limita con áreas urbanas, lo que crea serios problemas de conservación del medio. A pesar de ello ha sido posible mantenerlo fuera de la vorágine urbanística, destacándose que, el establecimiento del límite urbano de Caracas por la Oficina Metropolitana de Planeamiento Urbano se realizó acatando los linderos lijados en el Decreto de creación del Parque. En su interior se asientan algunos pequeños caseríos cuyos habitantes viven de una agricultura de tipo tradicional (conucos) y algunos asentamientos de cultivadores de flores, hortalizas y frutos menores. Sin embargo tales actividades están limitadas.

 

Vía: http://www.costadevenezuela.org/

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