¿Alguna vez has visto un pichón de paloma?
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Los misterios de por qué las palomas más jóvenes pasan casi desapercibidas en las ciudades.

Quizá porque las palomas forman parte del paisaje urbano más que cualquier otra ave, la gente acostumbra preguntar por qué no se ven sus pichones, una interrogante que no suele plantearse sobre las crías de otras aves.

La paloma se acostumbró a las ciudades tras siglos de vida en las montañas, donde hacen sus nidos y crían sus pichones en lo alto de riscos y peñascos. Tampoco allí son muy visibles, ni siquiera para el resto de los animales.

En las ciudades, a pesar de que se pasean libremente entre la gente a partir de cierta edad, las palomas mantienen su discreción respecto a los lugares en los que anidan, buscando los escondrijos más apartados de los edificios.

¿Pero por qué tampoco se observan palomas visiblemente jóvenes en las ciudades? Parte de la explicación a nuestra incógnita es que en realidad si se ven. Lo que pasa es que una paloma recién salida del nido es tan parecida a una adulta, que cuesta diferenciarlas.

Una razón es que la mayoría de las aves canoras salen del nido cuando están casi totalmente cubiertas de plumas.  En el caso de las palomas, la coloración del plumaje de los «adolescentes» es casi igual al de los adultos. Hay algunas diferencias anatómicas, pero son más difíciles de apreciar.

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Aprende las diferencias

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Sin embargo, desde la ornitología y los buenos observadores de aves saben dónde buscar sí desean estimar qué tan joven es una paloma. Durante sus primeros 6 meses de vida, las palomas tienen ojos con tonalidades entre marrón y gris, y ya adultas, el color pasa a ser naranja o rojo.

Igualmente, la carnosidad que tienen las palomas sobre el pico, que recibe el nombre de cera, es blanca en las mayores y gris en las jóvenes. Representa algo así como las canas de la paloma.

Los expertos también pueden distinguirlas por el comportamiento. Por supuesto, las más pequeñas son más inquietas.

 

 

Vía: Batanga

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