5 formas de conseguir una cita sin que se noten tus intenciones
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Cuando nos sentimos atraídos o interesados por una persona, nos encontramos en una difícil encrucijada: o bien expresamos nuestro interés en una cita de forma directa, lo que puede provocar que nos encontremos con el irreversible y dañino rechazo, o bien mareamos la perdiz hasta que la otra persona nos termina considerando amigos inseparables. De tomar uno u otro camino depende enormemente el éxito (o fracaso) de nuestra empresa, por lo que solemos recabar gran cantidad de información antes de dar un paso, como si fuésemos adolescentes: ¿Le gustamos? ¿Tiene pareja? ¿Cuáles son sus preferencias? ¿Mar o montaña?

En la mayor parte de casos, tomamos el camino del medio y decidimos nadar y guardar la ropa. En otras palabras, tirar la caña sin que se note, de forma que si la otra persona está interesada en nosotros, pique el anzuelo, y si no lo está, podamos correr un tupido velo sin tener que vivir ninguna situación violenta. Aunque no suele ser la mejor fórmula, como explica el psicólogo social Jeremy Nicholson, a la sazón creador de The Attraction Doctor, en un artículo enPsychology Today, puede ser una buena estrategia para que aquellas personas menos lanzadas muestren su interés de forma sutil. Para ello, propone cinco planteamientos psicológicos que tienen como objetivo que la otra persona termine pensando que quedar contigo es idea suya.

Intereses comunes

Es fácil y sencillo quedar con nuestros amigos: cogemos el móvil, los escribimos o llamamos y se acabó. Pero mucho más difícil es quedar a solas con otra persona por primera vez: por lo general, esto ocurre cuando se comparten intereses comunes. Por eso es buena idea insinuar algún plan en el que podáis participar los dos. Por ejemplo, si te apetece ver una película que a la otra persona le puede interesar, quizá sea buena idea comentárselo. Algo realmente útil en el caso de, por ejemplo, un concierto de un grupo que os gusta a los dos o alguna actividad deportiva que se pueda practicar en pareja. Es probable que la otra persona no quiera quedar contigo por quedar, es decir, para tomar un café o contaros la vida, pero sí lo hará si tenéis un objetivo común.

'A mí también me apasiona el cricket'. (Corbis)
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‘A mí también me apasiona el cricket’. (Corbis)

Es su idea, no la tuya

En Origen de Christopher Nolan, los protagonistas se sumergían en los sueños de sus víctimas para implantar determinadas ideas que estos pensaban que eran suyas. Algo semejante puedes intentar con tus propios medios, intentando que sea la otra persona la que tenga la iniciativa (aunque no se dé cuenta). Por ejemplo, di que te apetece llevar a cabo determinado plan que a la otra persona le puede resultar interesante y deja que sea ella quien aporte su granito de arena. ¿Quieres ir a ver un concierto de jazz y no sabes dónde? Que ella proponga su lugar predilecto. ¿Quieres apuntarte al gimnasio? Quizá le parezca bien que vengas al suyo, que es muy barato. ¿Quieres dar un paseo? Puede que conozca un bonito sitio para caminar cogidos de la mano.

¿Por qué no?

Dependiendo de la exigencia de cada cual, puede ser una buena idea utilizar la vieja argumentación de “estamos los dos solteros y aburridos, así que…” En dicho caso, es preferible no insistir en que vuestro encuentro es una cita de la que quizá emerja una relación y, ¡quién sabe!, una bonita vida en común cargada de retoños, nietos y bisnietos, sino simplemente sugerir un plan agradable y sin ataduras. ¿Por qué no ir juntos a ver una película que os gusta? Al fin y al cabo, sois dos adultos, ¿no?

Una buena fórmula es la de ‘¿a que no te atreves a…?’

Los dos salís beneficiados

También podemos seguir la lógica de que para convencer a alguien de algo, esta persona debe percibir que obtiene un beneficio. ¿En qué se traduce este? Básicamente, en cumplir un sueño o un deseo que de otra manera no podría llevar a cabo. El truco consiste en que la otra persona perciba que está haciendo lo que desea, por lo que no le importarán los posibles aspectos negativos de la cita, como aguantarte durante un par de horas. Es posible que hasta le termine gustando.

Plantea un reto

Una revisión un poco más agresiva de las variantes anteriores, y que bien podría traducirse al lenguaje coloquial como “¿a que no…?” Pues eso: a veces el truco se encuentra en poner gracia al asunto y, apelando a la osadía de la otra persona, plantear la hipotética cita como un reto. A veces, ofreciendo un plan atrevido –pero sin pasarse, eh– aunque atractivo. “¿A que no te atreves a coger el coche y plantarnos en la playa mañana?” puede ser una alternativa. Otra un tanto menos audaz es “¿A que no te atreves a ir al bar de enfrente ytomarnos una copa?”

Cortesía de elconfidencial.com

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