Esto es lo que aprendes en la Universidad Trump (a cambio de 30.000 dólares)
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Las feroces primarias del Partido Republicano están haciendo que los adversarios de Donald Trump afilen sus cuchillos y busquen cualquier punto débil ante el paseo triunfal del empresario, y en las últimas semanas, han esgrimido un arma que puede pasarle factura. Se trata de la Trump University, una de las ramas de negocio más peculiares en la carrera del neoyorquino, y que le ha traído más problemas que alegrías. Fundada en 2005, se trataba del intento del flamante político de subirse al carro de las universidades a distancia, aunque en el 2011 se vio obligado a cambiarle el nombre por el bastante más soso “Trump Entrepreneur Initiative” después de que el Departamento de Educación neoyorquino considerase que la utilización de la palabra “universidad” era, cuando menos, engañosa.

¿Qué podía aprender uno en la Trump University, y utilizamos el pasado puesto que cerró hace algunos años? En una palabra, el “éxito”, como aseguraba el político americano en un anuncio difundido durante su apertura. ¿Y cómo se llega al éxito? Básicamente, a través de cursos relacionados con el mundo inmobiliario, donde el propio Trump ha hecho fortuna: compra y venta de acciones, emprendimiento o creación de riqueza a un módico precio de entre mil dólares y 35.000, la cantidad que costaba el Programa Oro, es decir, aprendizaje individualizado a través de un tutor que facilitaba contactos en el sector.

Sin embargo, las demandas contra la “universidad” se han ido acumulando durante los últimos años hasta que han acabado con ella. En 2011, el fiscal general del Estado de Nueva York calificó la institución como “el clásico timo con gancho”. En otras palabras, Trump University se beneficiaba de la fama de su cara visible para conseguir que potenciales clientes despistados o incautos cayesen en sus redes. Es la universidad del famoso, un modelo aún no muy difundido en España, pero que amenaza con ser cada vez más popular: figuras de éxito que promocionan sus proyectos asegurando que gastar grandes cantidades de dinero es la manera más sencilla de ser como ellos.

Compra, compra, compra

¿Qué se aprende en los seminarios de la Trump University? Al parecer, no mucho, o por lo menos no demasiado en comparación con el dinero que cuesta. Muchos de sus clientes son hombres y mujeres de mediana edad que quieren darle un vuelco a su vida, y que se ven seducidos por el nombre de Trump, incluso en el caso de que no comulguen con sus ideas políticas. En la mayor parte de casos, se trata de potenciales emprendedores que están planeando hacer sus primeros pinitos en el sector inmobiliario y ven esta universidad como una buena manera de hacer contactos.

Trump prometía que ‘coaches’ profesionales llevarían de la mano a los estudiantes al éxito hasta que recuperasen el dinero, algo que no le pasó a nadie

Es el caso de Margaret Tom, de 69 años, una de las participantes en un reportaje que ‘Slate‘ ha publicado con diversos testimonios de antiguos alumnos de la Trump University. Ella fue de las que pagó 35.000 dólares por un ‘coach’ personal privado, con el objetivo de dar un último empujón a su cuenta corriente antes de la jubilación. El mentor pasó tres días con ella en Hawái y lo aprendido durante ese tiempo le animó a comprar un bloque de apartamentos en la isla y cuatro casas en Detroit, que alquiló y vendió. Aunque no considera un timo el curso, señala que en realidad no era lo que esperaba –aunque quizá el problema era que esperaba conocer a Trump en persona–, y que no le enseñó demasiado en gestión de negocios.

En otros casos, los testimonios son un poco más realistas. Es lo que ocurre conBrent Choi, que trabajaba en el departamento de tecnología de Stanford y que en su paso por la universidad aprendió simplemente a utilizar Zillow, una base de datos inmobiliaria ‘online’. Choi añadía lo siguiente: “Entiendo que haya mucha gente decepcionada con este curso. Nadie hizo nada de dinero, y Trump prometía que ‘coaches’ profesionales llevarían de la mano a los estudiantes al éxito hasta que recuperasen el dinero, algo que no le pasó a nadie”.

Por lo general, las buenas experiencias se mezclan con las malas. Es lo que ocurre con Samson Malani, de 36 años, al que el seminario de tres días inicial le resultó muy útil para cerrar sus dos primeros tratos. Sin embargo, cuando accedió al curso intermedio, de un coste de 18.000 dólares, se sintió estafado: “Todo nos lo contaron en la primera clase, y en la segunda, se supone que nos iban a mandar una guía e iban a cerrar tratos por nosotros, pero nunca ocurrió. Todo lo hacíamos nosotros mismos”.

La detractora más célebre de la Trump University es Tarla Makaeff, que después de gastar 37.000 dólares en seminarios se unió a la demanda colectiva contra el centro educativo y difundió su experiencia en ellos en las redes sociales. Makaeff señalaba en la demanda que los cursos eran un timo impartido por expertos en el sector inmobiliario “escogidos a dedo”, que “no ofrecían consejos prácticos” y que “finalmente desaparecieron”. Según esta, la Universidad participaba en “esquemas de lavado de cerebro, fraude claro,hurto mayor, robo de identidad, apropiación de crédito personal sin aprobación y apertura de tarjetas de crédito”. Una denuncia que fue respondida con dureza por Trump, que dijo de ella lo siguiente: “Es una testigo horrible, horrible. ¿Por qué le iba a dar mi dinero?”.

Grillo dio la votación máxima a su profesor porque le dijo que, de lo contrario, “puede ser que el señor Trump no vuelva a invitarme a dar clase jamás”

La pregunta hace referencia a una de las grandes polémicas que rodean a la Trump University en general y a sus estudiantes en particular. La compañía publicó un vídeo en el que se veía a Makaeff elogiando al curso y a sus profesores, a los que daba la máxima puntuación. Lo que nos lleva a otra de las revelaciones de la Trump University, que según su impulsor, manejaba cifras deun 98% de satisfacción. Pero, ¿de qué manera?

Lo que los datos ocultan

El mejor argumento de Trump para defender su proyecto es esa cifra del 98%, que ha sido recogida en 98 Percent Approval, una página que defiende la utilidad de la academia y que ataca a los demandantes. Sin embargo, un reportaje publicado recientemente en ‘The New York Times‘ pone en duda esta cifra o, al menos, los métodos utilizados para alcanzarla. Como sugieren los antiguos alumnos, estos daban buena nota a sus profesores tanto por miedo a que fuesen despedidos como por el deseo de caerles simpáticos y, de esa manera, hacer un contacto en la industria.

Es el caso de Robert Guillo, de 76 años, que gastó 36.000 dólares en los cursos y que dio una votación máxima a su profesor porque le dijo que, de lo contrario, “puede ser que el señor Trump no vuelva a invitarme a dar clase jamás”. Cuando Guillo intentó recuperar sus 36.000 dólares, el político le acusó de haber mentido en su evaluación. Algunos profesores han reconocido estas prácticas, como es el caso de Tad Lignell, uno de los mentores del Programa Oro y que, si bien señala que sus alumnos aprendieron bastante de sus cursos, también reconoce haberles pedido rellenar las evaluaciones en su presencia. Lignell sospecha que sus estudiantes pensaban “quiero que este tío sea mi amigo, necesito su ayuda”.

Es una historia con varias moralejas. Independientemente de la bondad o maldad de los cursos en sí, lo ocurrido con la Trump University nos pone sobre aviso ante diversas realidades. Por un lado, que la presencia de una cara célebre en el cartel no debe confundirnos a la hora de cursar una carrera o apuntarnos a una universidad ya que, por lo general, poco o nada tiene que ver con dicha figura, puesto que lo relevante son su programa educativo y sus profesores; por otro, que los datos que muchos centros presentan para justiciar su fama pueden ocultar una realidad mucho más oscura de lo que parece a simple vista.

Cortesía de elconfidencial.com

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