El problema de salud del que nadie habla pero todos sufren en Navidad
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Solemos relacionar la Navidad con las comilonas descontroladas regadas con buenas cantidades de alcohol y, junto a ellas, la pesadez de estómago, el ardor o las resacas. Sin embargo, y probablemente por motivos pudorosos, hay otro problema de salud aún más habitual que solemos sufrir en silencio. Se trata del estreñimiento, una alteración en el estómago provocada por la falta de movimiento intestinal y que ocasiona que la defecación se realice de manera mucho menos frecuente a lo habitual, algo que puede dar lugar a distintas molestias causada por la distensión del estómago.

No hay una época más crítica para sufrir estreñimiento que las navidades. Los astros se alinean para juntar en apenas unas horas la panoplia de causas que favorecen este problema: los viajes, los cambios de horario y una alimentación a la que no estamos acostumbrados. Un cóctel terrible si lo que pretendemos es mantener nuestro estómago a salvo. Y, teniendo en cuenta que según la Dirección General de Tráfico este año se producirán más de 13 millones de desplazamientos por carretera, es muy probable que cuando nos sentemos a la mesa en Nochevieja más de un familiar esté pasando por ello. En España, la incidencia autodeclarada ronda el 29,5%, y afecta mucho más a menudo a las mujeres que a los hombres. Pero detengámonos en cada una de las causas que provocan este mal para comprender de qué manera podemos ponernos a salvo de él.

Viajes. Para muchas personas, el mero hecho de coger un coche, tren o avión y desplazarse a un lugar a unas horas de distancia ya provoca las primeras dificultades estomacales. Apenas nos podemos mover durante el desplazamiento, lo que dificulta el correcto funcionamiento del estómago, especialmente si el viaje es largo. Así que, si en algún momento tenemos la oportunidad de estirar las piernas, debemos hacerlo, sobre todo si viajamos en coche y podemos pararnos en algún lugar a hacer un poco de turismo, tomarnos un café y esperar a que se desate la tormenta. Por otra parte, es muy habitual que nos aguantemos si estamos en un avión, tren o autobús para no utilizar los incómodos retretes del vehículo. De acuerdo, no es lo más cómodo, pero si tenemos problemas de estreñimiento y decidimos no aprovechar la ocasión, no estaremos sino agravándolos.

Jet lag y cambio de costumbres. No sólo el desplazamiento en sí provoca que nuestro estómago se vea perjudicado, sino que este lleva asociado diversos cambios en la rutina letales para la flora intestinal. Por una parte, el archiconocido jet lag, que provoca que, al cambiar nuestros horarios para adaptarnos a la zona a la que hemos viajado, nuestro cuerpo reciba repentinamente órdenes contradictorias. Pero no hace falta irse tan lejos. Simplemente con el cambio de horarios típico cuando nos desplazamos a una casa ajena (“es que aquí comemos a las cinco de la tarde”) estamos aumentando las posibilidades de sufrir un terrible estreñimiento. Incluso en nuestro propio hogar: si nuestra casa ha sido colonizada por familiares, amigos y vecinos, es probable que tengamos que adaptarnos a sus ritmos. Nosotros lo haremos de buen gusto, nuestro estómago es otro cantar.

No dejes que la familia vea tu mano de tute porque te has tenido que ir al baño. (Corbis)
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© Proporcionado por El Confidencial No dejes que la familia vea tu mano de tute porque te has tenido que ir al baño. (Corbis)

Estrés. Otra de las causas más habituales de este problema estomacal. Pero, un momento: ¿no son días de asueto, no deberíamos estar más relajados que de costumbre? La triste realidad es que la Navidad es una de las épocas más estresantes del año, gracias a los incontables compromisos con los que debemos cumplir día tras día. Algo que afecta aún más a las mujeres, según señaló un estudio realizado en la Universidad de Duke. Como mandar a la familia de vuelta a casa no es una opción, cualquier pequeño truco para sortearlo puede ser de ayuda, como buscar un rato para nosotros mismos cada día o dejar zanjados antes de tiempo asuntos como los regalos.

Desayuno, comida, cena, recena, desayuno. Si no era suficiente con sacar a nuestra tripa de su rutina, a ello hay que añadirle esas bombas de grasa que, día tras día, pasan por nuestros platos, y que lo único que consiguen es cargar aún más de la cuenta de nuestro debe intestinal. De acuerdo en que es un mal momento para pedir a la familia que sustituya los polvorones por unos kiwis, pero con un poco de moderación y algo más de agua para hidratarnos podremos salir indemnes del envite. Los alimentos ricos en fibra son, cómo no, nuestro mejor aliado contra el estreñimiento. Pero podemos probar con otros más apropiados para estas fechas, como las naranjas, las alcachofas, las judías, los guisantes o el pan integral, que quizá no pinten mucho en el menú de Nochevieja, pero que sí podemos prepararlos alguno de los días restantes. Y cruzar los dedos para que los Reyes nos traigan carbón.

Cortesía de elconfidencial.com

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