El mayor experto en intoxicaciones te dice los platos que no debes comer fuera de casa
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No hace falta viajar a recónditos países donde las normas de seguridad ehigiene de los alimentos empiezan por sazonarlos con un buen picante o, en nuestro caso, ignorar las uñas del camarero y pensar que si ellos no han muerto, nosotros, con suerte, tampoco lo haremos inmediatamente después del primer mordisco. En Europa, continente redicho donde nos creemos los más civilizados, pulcros, demócratas y también los más pretenciosos, sufrimos de igual forma intoxicaciones, y son más frecuentes de lo que creemos.

Comer alimentos en mal estado es uno de los motivos más frecuentes, pero admitamos que todos hemos vivido alguna situación de náuseas máximas a tres puertas de nuestra casa, como Maribel, una barcelonesa que descubrió en su plato de menestra una cucaracha y la disculpa del camarero no tiene precio: “Perdone, acabamos de fumigar el restaurante…”, dijo, y para postres tuvo que pagar la cuenta, eso sí, el bicho no se lo cobraron. O encontrarse moho en una tosta, una ostra que huele raro o una mayonesa que no se comería ni el último superviviente.

Estos cinco años ha habido más intoxicaciones por marisco que en las dos últimas décadas y la culpa la tiene el calentamiento global

En sus más de veinte años de profesión, el abogado Bill Marler ha tratado muchísimos casos de intoxicación alimentaria y tanto ver azulear a sus clientes y escuchar las excusas de la industria alimentaria le ha convertido un experto en potenciales alimentos peligrosos. Así se lo ha explicado a ‘Business Insider’ en un artículo donde nos enseña a qué no deberíamos hincar el diente, a no ser que el azul nos siente muy bien a la cara.

1. Ostras

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Si lo comes en mal estado, este marisco con fama de afrodisíaco puede convertir la cena más romántica en una pesadilla no exenta de carreras al inodoro y dolores estomacales. Según Marley, en estos cinco años ha habido más intoxicaciones por marisco que en las dos últimas décadas y la culpa la tiene el calentamiento global. Al parecer, el calentamiento de las aguas produce la proliferación de microbios, que acaban en la ostra y más tarde en tu estómago.

2. Los preparados de fruta o verdura cortada

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El abogado los evita “como una plaga” y el motivo es muy sencillo: a mayor cantidad de personas que están involucradas en el proceso de manipulación y envasados, más riesgo de contaminación. Donde está el paladar, está el peligro y a veces cerrar la boca a tiempo impide que entren moscas y otros tóxicos…

3. Brotes

Aunque diminutos y hasta decorativos, los brotes están relacionados con hasta 30 enfermedades infecciosas (principalmente, salmonela y E.coli) en las últimas dos décadas. “Ha habido demasiados casos de infecciones como para no prestar atención a su riesgo tóxico”, comenta Marler, e incide en que de todos los alimentos que forman parte de su lista negra, este, sin duda, está de los primeros.

4. Carne poco hecha

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Tal vez seas una de esas personas a las que la carne le gusta al punto, cuando no cruda y sanguinolenta, pero, según este abogado algo maniático, debe ser cocinada al menos a 160 grados para eliminar todas las bacterias que pueden causar E.coli o salmonela.

Se ha puesto muy de moda ir en contra de la pasteurización de la leche y sus derivados, lo que pone en riesgo nuestra salud

5. Huevos crudos

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El claro ejemplo de comerse una tapa de ensaladilla rusa y acabar ingresado en el hospital de la manera más tonta con una salmonela galopante. Si bien intoxicarse por esta causa es menos frecuente que en los años 80 o 90, hay todavía fanáticos de las dietas milagro y culturistas que cascan un huevo en ayunas y se lo beben sin más. Peligro. No eres tan sano.

6. Leche y zumos no pasteurizados

Aunque muchos movimientos de estilo de vida alternativo recomienden beber leche “cruda” de vaca alegando que durante la pasteurización se pierden sus valores nutricionales, someter la leche y a sus derivados a este proceso destruye los microorganismos sin alterar la composición del alimento. “No hay ningún beneficio que prevalezca sobre el riesgo que tiene para nuestra salud consumir productos no pasteurizados”, recalca Marler.

Y recuérdenlo la próxima vez que acudan a un restaurante, no para que acaben convirtiéndose en una especie de maniáticos enfermizos con los que nadie quiere salir a cenar, sino para que asuman de una vez que ‘lo que no mata, engorda’ y tengan cierto cuidado con ambas cosas. ‘Bon appétit’!

Cortesía de elconfidencial.com

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